Traduciendo los sentimientos

jueves, 18 de octubre de 2012

QUÉ SENSACIÓN MÁS EXTRAÑA

Que sensación más extraña volver a casa, tan tarde y no encontrar a nadie esperando. Se quitan hasta las ganas de ir a dormir. Pones el televisor y ves como se suceden las imágenes, las figuras que se mueven, las marcas publicitarias que se repiten y la luminiscencia de los colores en perpetuos fogonazos sobre la puerta de cristal del mueble bar.
Qué sensación más extraña ir a la cocina y sentir que no hay nada que te apetezca comer. Vuelves con un plato ligero, por el contenido y por la rapidez con que lo has preparado y te sientas de nuevo frente al televisor. No eres consciente de la hora, miras el reloj, una vez, luego otra y al final no sabes que hora marcaba, sobre todo porque no tienes reloj.
Qué más da si estás sola en la casa. Si todo está silencioso y los seres que amas están dormidos o están lejos.
Qué sensación más extraña empezar a morder el pan y sentir que no sabe igual que otras veces, sentir que sabe a vacío y a ausencias. Qué diferente del pan que está lleno de vivencias y de palabras con distintos timbres y tonalidades, ese que comía en casa de mis padres, ese que comía con mis hijos, ese que como contigo...
Hoy todo es muy extraño. Menos mal que ya es miércoles, estamos en la cima y... no estoy sola, alguien me ama en la ciudad, aunque la ciudad esté ahí, a unos kilómetros de ésta donde hoy me siento extraña y me sobrepasan las ausencias.

miércoles, 17 de octubre de 2012

SÓLO VIVIMOS UNA

Eso dijo mientras le tatuaba las letras en inglés sobre la espalda. El hombre, boca abajo, dejó escapar una suspiro. Él no supo si le causaba dolor la aguja o era sólo una forma de renovar el aire en su cuerpo.
Mientras hacía su trabajo su mente estaba lejos, pensaba ya en el siguiente dibujo, en como lo plasmaría en el papel.
Pasaba tantas horas dibujando que si hubiera que ponerlas en una balanza se rompería el eje por la mitad, cayendo el platillo como un peso muerto sobre el suelo.
No tendría tres años aún cuando empezó a hacer sus pinitos con el lápiz. Caras ovales enormes con ojos pequeños , bocas sonrientes y cabellos de infante, tres a los sumo. Nunca les faltaron las orejas ni un pequeño cuerpo provisto de toda su vestimenta.
Creció sin lápices de colores, había tantas ideas en su cabeza, tantos dibujos por hacer que no podía perder el tiempo en tonterías y colorines.
Autodidacta y perseverante. La púa de su  lápiz adelgazaba a la vez que engordaba el callo de su dedo.
Despistado y caótico con su entorno, ordenado y meticuloso con sus obras.
Genial y locuaz en la multitud, sensible y silencioso en la intimidad.
Así eres y así te quiero.



domingo, 14 de octubre de 2012

LEVEDAD


 Caminábamos y el fogón de verano engullía nuestra asombro por obstinarnos en lo imposible. Como tú, camino por esta estrecha calle, como tú necesito soles que giren para alumbrarme que hagan brillar lo bueno que pueda haber en el alma, sonrío al viento porque en él huelo el humo del incendio, porque se que la fe es creer en algún Dios aunque no existan o en existir aunque ese Dios a veces no crea en ti y en caminar aunque hoy no brille tu estrella. Como tú camino por esta tierra que pronto será yerma. Levedad, somos levedad

LLEGÓ, VIÓ Y VENCIÓ

Vino la muerte y no llamó a la puerta. Atravesó las paredes de su casa y se instaló en su interior.
Al principio no se dio cuenta pero luego, a medida que transcurrían los días sentía que su aliento era más tenue y su piel más blanquecina. Miró en el espejo su extrema delgadez y recogió del lavabo un número importante de cabellos, frágiles y descoloridos.
No era su amiga pero no tenía más remedio que aceptarla si no quería que ella se ensañara con él.
Así, en simbiosis, vivieron aún un tiempo. Disfrutaron de largos paseos por la Paseo de Gracia y rieron a carcajadas con chistes inventados.
Una tarde de noviembre, tiempo de escorpiones y noches largas y húmedas, se encaprichó la muerte de otra vida y abandonó el cuerpo exhausto sobre una cama de hospital.
Ya, antes, se habían despedido. Ella se fue y él quedó acompañado por el silencio y las lágrimas.

lunes, 8 de octubre de 2012

CUMPLIENDO SUEÑOS

Decían las manecillas del reloj que era una tarde como otra. Se acomodó en su silla y abrió el libro por una página cualquiera. Le gustaban los libros que podía abrir por cualquier lugar porque nunca se sentía perdida y de algún modo, cada párrafo la llevaba al que leyó antes o le adelantaba algo del que estaba por venir.
Lo abrió con desgana porque aunque el reloj se empeñara en ser monótono, su corazón dictaba otro ritmo.
Puso toda su atención en las letras escritas pero aunque leyó y releyó el párrafo no llegó a conclusión alguna.
Detrás de ella un abejorro batía sus alas con desespero. Giró la cabeza y se dedicó a perseguirlo con la mirada.
Al insecto no le bastó colocar sus patas sobre la espléndida Gazania, ni se conformó con arrebatar los pétalos de una Begoña en su vuelo rasante. Insatisfecho y ansioso recorrió cada una de las flores impregnando sus patas de todos los pólenes posibles.
Abandonó su libro sobre la escalera y reclinó la cabeza sobre la silla playera. El sopor de la tarde la envolvió en un sueño espeso.
Soñó que la puerta se abría y un abrazo cálido cubría su piel. Soñó que abría los ojos y lo miraba de cerca, sonriéndole. Supo en el sueño que el sueño se había cumplido.
Despertó cuando sintió que la puerta se abría y fue corriendo a sus brazos. Le contó que mientras lo esperaba, había soñado con un insecto que sobrevolaba sus flores.
 Mientras la besaba, él retiró un pétalo rosado de su pelo.

domingo, 7 de octubre de 2012

ENREDADA EN TI




Quiero ser por siempre tu enredadera y 
que tus brazos me acojan incansablemente en el devenir de los días.



martes, 2 de octubre de 2012

DENTRO DE UN BOLSO



Dicen que en un bolso de mujer hay tantas cosas que es imposible saber cuántas y para qué están ahí.
Llegó el verano y quedó atrás el bolso negro de loneta, todas las cosas, que no eran tantas como las de la mujer del tópico, pasaron a un bolso de tela india en tonos cobrizos, adornada con espejitos minúsculos.
Eso creía, que todas las cosas importantes habían ido a parar allí, sin embargo, hoy, en un intento de rescatar el verano, esparció las cosas del bolso sobre el sofá, para sentir el olor del mar e impregnarse de salitre. Para aspirar el perfume de la piel estival. Para caminar con los ojos cerrados por las calles de los lugares en las que, detenidos, se besaban.
Se entretuvo en cada objeto asociándole un recuerdo, pero... porque siempre hay un pero, percibió la ausencia de un pequeño papel, uno plegado y mil veces doblado donde rezaba el futuro que un día le predijera una runa.
No sabía porque había creido ciegamente en él en ese momento de su vida, tal vez fuera porque necesitaba desesperadamente que algo la conmoviese.
Recogió una a una sus pertenencias mientras desfilaban por su mente un sinfín de pensamientos que corroboraban que no le hacía falta encontrar aquel amuleto porque se había superado con creces lo vaticinado aquella mañana de domingo, mientras paseaba bajo el sol amable de otoño, por un colorido mercadillo medieval.

lunes, 1 de octubre de 2012

LA CARTA

Se estrenó el mes de octubre con un mensaje para el cartero. Mucho tiempo atrás era lo más común. Escribir y poner una pequeña crucecita en el encabezamiento, sobreentendiendo el que enviaba y el que leía, que estaban amparados por Dios. Después, una frase hecha y dos puntos para continuar el escrito. La ilusión de pegar el sello o de recortarlo para la colección según que fueses el remitente o el destinatario. Morados, verdes y anaranjados. Ahora, ni siquiera hay que sacar la lengua o mojarlo en la esponjilla reseca, ahora, hasta los sellos son pegatinas y hablan sin pronunciar palabra sobre la conservación del medio ambiente o aparece Bob Esponja. Ni peor, ni mejor o las dos cosas. Sobre todo, diferente.
Hoy, estrené un mes escribiendo una carta, una de esas que salen junto con el sentimiento, de las que se conforman con palabras que hace mucho están dentro de ti y que tardas en exteriorizar...las prisas, el acomodo, las prioridades... excusas al fin y al cabo.
Volará la carta o quizá quede retenida unos segundos en los puentes derrumbados sobre el barro de la gota fría.
Un cartero, en otro lugar tocará una puerta para dejar el sobre que esta misma tarde he preparado, lo sacará de la bolsa amarilla que abandonará por unos segundos en la acera y la echará en el suelo, acostumbrado como está, a repartir cartas impersonales, sobres con nombre diferente y contenido idéntico. La dejará sobre las losas frías del otoño y retornará a su carro y a su devenir por las calles.
Una mujer abrirá la puerta una vez se haya marchado y en su andar mostrará pereza al pensar en recoger, hoy también, la avalancha de papeles inservibles. Al incorporarse, su sonrisa expresará la alegría de que el cartero se haya detenido en su puerta con un mensaje distinto.

domingo, 30 de septiembre de 2012

DE NUEVO LA LLUVIA

Caía con fuerza sobre los árboles del patio, el día gris e inquieto no me hizo presagiar lo que sucedería. Tal vez fuera porque celebraba un cumpleaños especial o porque su piel había dormido junto a la mía. Tal vez fuera el color intrínseco del viernes o la sensación que produce saber que nunca estás sola.
Las horas transcurrieron y la lluvia azotaba sin descanso. La serenidad dio paso a la expectación al ver personas nerviosas, sin embargo, mis pasos eran firmes y mi voz no permutó en ningún momento, llegando a sonar tranquilizadora a las dos y cuarto. Saldrá el sol y nos acompañará en el camino de vuelta.

martes, 25 de septiembre de 2012

LA SIESTA

Podía sentir su respiración tranquila. Eran las cuatro de la tarde y mientras a mi alrededor las moscas se jactaban de su vuelo rasante sobre mi nariz, en otro lugar, dos cuerpos reposaban en el letargo de la tarde veraniega. En sus ojos dormidos podía ver el trazado de sus vidas y en sus bocas resoplantes, el rosa desgastado por el tiempo. Sin percatarse de mi presencia pero sintiéndome a su lado me sonreían con ternura, como cuando era una niña. Los abracé y por unos segundos, la mosca se hizo a un lado para no restar magia al momento.