Traduciendo los sentimientos

miércoles, 16 de octubre de 2013

MIS ZAPATITOS DE TACÓN

Sobre sus zapatos de tacón era toda una personalidad o quizá, sería más acertado decir que era todo un personaje. Caminaba segura de si misma y no le importaban en absoluto aquellas miradas incisivas que encontraba a su paso, sobre todo porque no veía prácticamente nada. Su charla dislocada y sin sentido ahuyentaba de su lado al grueso de las personas conocidas pero no reparaba ella en esas minucias. Su existencia era suya y la vivía como quería, en la más absoluta irracionalidad de horarios.
Un día sufrió un desvanecimiento inoportuno y fue a darse de bruces con un automóvil que transitaba por la calle. Tuvo suerte de que la conductora, respetuosa con las normas de circulación, no sobrepasara los treinta kilómetros por hora, de no ser así, lo que se quedó en una anécdota podría haber sido una tragedia, pero, eso sí, su pierna se quebró y para su desgracia se vio obligada a dejar de lado sus tacones.
No tomó calmantes para aminorar el dolor de su extremidad dañada, los tomó para calmar su ego, para no sentir la indignidad al verse disminuida en quince centímetros y caminar sobre zapatillas de vieja, cuando ella solo tenía ochenta años.

jueves, 10 de octubre de 2013

EL CAMINO A CASA

Aquella noche no pudo dormir. Había subido mil y una vez las escaleras cargada de maletas y bolsas, sin embargo, no  tenía sueño. La emoción se concentraba en sus ojos de tal modo que era imposible cerrarlos. Se sentía como un gato en la noche, iluminando el cuarto con su destello.
Quizá fueron dos horas o quizá fueron cuatro el caso es que se levantó sin una pizca de cansancio en su cuerpo, ni siquiera se había despeinado.
Debajo del agua templada extendió el perfume del azahar sobre su piel para pasar luego a vestirse apresuradamente. Deseaba más que nada salir y emprender el viaje.
El camino desconocido, lejos de inquietarle, le sirvió de acicate.
Llegó dos horas antes de lo previsto
pero no se impacientó en absoluto. Sentada frente al volante de su coche, observó a cada transeúnte y se recreó en cada árbol. Todos los segundos de aquel día, tuvieron un significado nuevo y especial y todos los vivió como una vida, intensa y felizmente.

miércoles, 9 de octubre de 2013

METAMORFOSIS

El primer gusano que tejió su capullo no sabía muy bien donde se metía.
Al segundo se le vio más confiado.
El tercero comió hojas sin parar, como si quisiera acelerar el proceso.
Antes de que el cuarto desapareciera del todo bajo su propia seda, alguien se le acercó para hacerle una entrevista.
Buenos días ¿cuál es su nombre?
Buenos días respondió el gusano, este periodo de la vida es tan efímero que el nombre no importa.
¿Podría explicarme que se siente ahí dentro?
Pues verá, pasamos una etapa de la vida siendo observados de manera continuada, sin intimidad para comer ni para dormir.
Cuando estamos aquí dentro, de pronto se hace el silencio de manera que solo escuchamos nuestros pensamientos. Es una etapa dorada de reflexión y maduración. Solo cuando el conocimiento de nuestro yo es completo, salimos. La magia surge en forma alas que dan expresión a nuestra libertad recién adquirida.
Dicho esto, cerró el pequeño agujero que le quedaba por tejer y se perdió en su mundo interior dejando al entrevistador con la boca abierta.

martes, 8 de octubre de 2013

TODO EN SU MOMENTO

En los próximos tres días no esperaba a nadie.
Se aseó, se puso su mejor camisón y con su libro de poemas decidió  esperar a la muerte. Era una noche inigualable para tener una cita con ella. Estaba en paz con el mundo y consigo misma.
El cuco proclamaba a voz en grito que eran las tres de la madrugada cuando lo recordó: ¡Era el día de su aniversario de boda!
Cada año  hacía las tortitas preferidas de su ya difunto marido y luego iba al cementerio y las comía frente al panteón familiar donde podía leerse “Revolveré el cielo en cuanto llegue. Todo con tal de encontrarte”
¡Era un despiste imperdonable! Se levantó con la agilidad de una colegiala y en la cocina preparó una masa compuesta de leche, huevos, harina, almendras, azúcar, canela y anises. Para cuando estuvo horneada, ella estaba dando cabezadas contra la mesa.
Antes de salir con las tortitas y, contra todo pronóstico, llamaron a su puerta. Ella que no esperaba a nadie arrimó su ojo a la mirilla y alcanzó a ver al portero que no traía buenas noticias. Durante la noche, su vecina y amiga, la señora Elena, había recibido la desagradable visita de la muerte.


lunes, 7 de octubre de 2013

VIDAS DEL TREN

Ha pasado el tren de las diez y diez, antes paso el de las siete y diez y aún antes el de las tres y diez.
Los miro desde la casa y me pregunto quién irá dentro. Te miro y te hago esa pregunta. Te encojes de hombros. ¡Quién sabe!
Personas anónimas y cansadas después de un duro día de trabajo, regresan al hogar.
Personas que al introducir la llave en la cerradura, exhaustas y acaloradas, encontrarán distintas situaciones:
Un hombre de mediana edad, por ejemplo, que, arrastrando los pies llega hasta la cocina y la encuentra vacía de alimentos y de vida. Los alimentos pueden comprarse pero las vidas no y su soledad se hace aún más insoportable cuando se da cuenta de que el tiempo pasa como un cometa pero a diferencia de éste, ni siquiera el destello deja.
Una señora que duda si abrir la puerta porque escucha un griterío de niños tras ella y está rendida. Una abuela despeinada y ajada la espera con impaciencia. Esto ya no es para ella, ya crió a sus hijos, no soporta tener que criar a sus nietos y aunque no lo dice, aunque calla siempre, el dolor de su garganta es una manifestación evidente de su impotencia.
Un hombre que parece optimista y que no necesita utilizar la llave para entrar porque su compañera lo espera cada día en el balcón con los ojos llenos de chispas. Se lanza a su cuello y lo besa repetidas veces mientras él no sabe si quitarse el uniforme de trabajo primero o seguirla en sus besos ya que desea las dos cosas con igual fuerza.
El maquinista no se baja en esta estación, aún le queda un tramo largo para llegar a su destino. Desde su ventanilla observa a una mujer en un jardín que se pone la mano de visera para que la luz del sol no le impida ver el tren de mediodía. Un hombre se acerca a ella y apartando su cabello la besa en el cuello.
El maquinista desea más que ningún día llegar a su casa para besar con la misma pasión a su mujer y entonces recuerda que ella no está. Se fue un día de otoño. Todo estaba intacto en la casa. En el armario, sustituyendo su ropa quedó un papel doblado que no era una
despedida. La lista de la compra no hizo más que agravar su sufrimiento al recordar el día que compraron juntos el jersey que esta tarde llevaba puesto.

NECESIDADES

Se adoptaron mutuamente. Él extrañaba una madre. Ella tenía muchos consejos que ofrecer.
Acordaron reunirse cada tarde en el jardín de la casa y, mientras las notas musicales atravesaban los visillos de color café y las campánulas se abrían a la nueva temporada, él descubría un mundo inmenso en la caja de la costura y ella recuperaba cada uno de los refranillos que permanecían aletargados en su memoria.

domingo, 29 de septiembre de 2013

EL HOMBRE DE AGUA

El hombre de agua nació un día en que pares e impares se mecían en una balanza.
En el cielo una luna más que llena esperaba expectante su llegada, ni siquiera el primer paso humano, aún reciente,  sobre su suelo polvoriento, consiguió tal despliegue de belleza.
El hombre de agua creció y adquirió una voz cristalina en la que se reflejan,  su condición de nobleza, su generosidad y su abnegación.
El hombre de agua tiene una mirada profunda y puedo navegar en el interior de sus ojos, en los que me pierdo cuando me mira.
En el movimiento de su boca carnosa se adivina el ímpetu del viento y el frescor del mar, el jugo de la remolacha y la embriaguez de la uva fermentada.
Su cabello,  castaño e indómito, enmarca su rostro esculpido en alabastro rosado y, en su barbilla permanece  el hendido de la huella de un pulgar de su creador.

El hombre de agua es todo amor, amor del que engrandece, amor del que no pide a cambio, amor del no posesivo, amor del de verdad.

lunes, 23 de septiembre de 2013

LA NOCHE QUE ME QUIERES

Vinieron los escarabajos al no escucharnos hablar y me encontraron sentada en tu silla, trazando líneas de colores.
Se pararon delante de mis pies,  parecían, al igual que yo, no querer moverse hasta que tu no vinieras.
Los miré detenidamente y los encontré más lentos que de costumbre y pensé que tal vez su ciclo se termina y sin querer, una lágrima resbaló por mi rostro porque, pensé, hay segundos tan eternos y en cambio años que se esfuman tan rápidamente que quise vivir intensamente cada fracción de vida a tu lado y no estabas para decírtelo.
Es tarde. Tengo sueño. Me acostaré en tu lado de la cama y aspiraré el aroma de tu piel en la funda de algodón, suave y cálida. Cuando me esté quedando dormida vendrá tu boca y tu abrazo a acunar mi sueño. Hoy, hasta los escarabajos saben que es esta otra noche que me quieres.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

ESTO NO TIENE NOMBRE


Tuve okupas este verano en casa. Nunca pensé que podría ocurrirme a mí. Que episodio más desagradable.
Entraron por la ventana y lo dejaron todo perdido.  Un gato, varios gatos… yo que sé. El olor nauseabundo de su marcaje territorial  ha dejado marcado mi cerebro y mi colchón.  Mi colchón, mi querido y mullido colchón, tan confortable y tan caro, ahí estaba, mancillado de orín y sexo felino.
Para qué hablar del patio, cientos de pájaros se habían apropiado de mi higuera y sus excrementos repartidos por todos los rincones lo habían convertido en inhabitable.
Aun no habíamos soltado las maletas cuando ya estábamos con la escoba en una mano, la fregona en otra y los estropajos y las bayetas colgándonos de los bolsillos ¡No había salfuman  que pudiera acabar con tanta inmundicia!
Si alguien me vuelve a aconsejar  que deje una ventanita , por pequeña que sea, abierta para que parezca que hay vida dentro de la casa, mientras estamos fuera,  le lanzaré aliento de dragón y le chamuscaré las pestañas porque a partir de ahora preferiré proclamar mi ausencia a los cuatro vientos. Esto ha sido un asalto a mano armada (de uñas) y encima no puedo ir a denunciar los desperfectos ¿Acaso hay leyes aplicables a los felinos y yo no me he enterado?
Ayer, cuando la calma y el buen olor se habían instalado ya en mi casa, salí a dar un paseo como premio a tanto esfuerzo y tuve que volver dos veces a la casa para cerciorarme de que todo estaba cerrado a cal y canto y es que este episodio imposible de imaginar, me ha marcado tanto que hasta sueño con orgías en que gatos y aves lejos de ser enemigos, comparten los higos y la cama.