Traduciendo los sentimientos

lunes, 8 de septiembre de 2014

MARIPOSARIO VITAL

Las mariposas de la incertidumbre se instalaron también en su vientre proclamando a los cuatro vientos su estado. Revoltosas y felices provocaron el vómito interminable de la embarazada. En el último instante aprovecharon la salida del infante y sobrevolaron su cabeza impoluta de blandos huesos. Lejos de lo que podría pensarse no eran ni rosas, ni azules. El arco iris más luminoso apareció en sus ojos cuando tuvo el privilegio de contemplar la criatura.









Era su primer día de colegio y no había podido dormir ni tampoco desayunar. Las mariposas de la desazón agitaban su pequeño cuerpo.

Lloró incansablemente cuando se cerró la puerta y dejó de ver el rostro de su madre.







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Con la maleta llena de libros saltó ágilmente del tren.
Las mariposas de la ilusión se quedaron a dormir en su cama mientras ella devoraba letras con los ojos empequeñecidos por la luz precaria del sempiterno flexo de metal verde.
Miraba al mar cuando lo vio, en sus ojos había música. El silencio ensordecedor se rompió y la luz se adueñó de sus cuerpos que, vibrantes, atravesaron la estela infinita del tiempo.
Las mariposas del amor anidaron en cada curva y cada hueco y con su batir de alas inquieto llenaron de risa las horas









Miraba por la ventana y, como la mujer en el cuadro de Dalí, no era real ya que su mente no vivía acorde con el tiempo. Confundía los rostros presentes con los pasados, los conocía a todos pero a ella,
nadie la saludaba.

Las mariposas de la soledad, estampadas en su vestido de domingo, esperaban una orden para batirse en retirada.






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martes, 12 de agosto de 2014

EL ALFARERO

Murmuraban sobre su vida convencidos de que su felicidad era producto de su imaginación. Su cuerpo era como la arcilla y podían adivinarse en él las manos de su alfarero. Su piel exhalaba la humedad de los besos que él le diera.

El recelo les movía a pensar que todo era un engaño que él urdió por interés y ella creyó por conveniencia. En realidad lo que anhelaban era dejar de ser roca pétrea y sentir la caricia del alfarero.

REVELADO

Detrás de aquella minúscula mesa vestida  de crespón amarillo con grandes flores azules, el adivino la esperaba con las cartas en la mano. Aún sin barajarlas miró más allá de su rostro y expuso solemne: no has venido sola, un ser inmaterial te acompaña.
Ella sonrió complacida pues  había sentido muchas  veces la brisa fresca en su piel, esa tan diferente de la que produce el aire atmosférico.

El hombre salió un instante y ella aprovechó para inmortalizar con una fotografía aquel momento. De vuelta a casa la descubrió. Como ella, miraba y sonreía a la cámara.

lunes, 11 de agosto de 2014

SELENITAS

Detrás de la montaña y como un gran sol, asomó un poco su cuerpo que lucía extraordinario, tan luminoso que pareciera que su luz era propia. No sé que hicieron otros pero yo dejé de cenar y esperé a que se mostrara totalmente. Como mirar a los lados no me servía de mucho, me concentré totalmente en ella y ella me devolvió, como si de un espejo se tratara, el rostro de los que amo: Demóstenes, Lunita, Franela, padres, hermanos, amigos y tú mi bello durmiente, danzábais como selenitas celebrando la fiesta de la superluna, luego, y muy a mi pesar, cerré la puerta y dejé que otros buscaran en ella sus sueños.

CONTANDO LOS SEGUNDOS

Nunca quiso un reloj, ni siquiera ahora  que contaba los segundos para amarlo. El tic tac de su corazón era suficiente aunque de sobra sabia que a veces atrasaba, tosía un poco y volvía a funcionar la maquinaria de su cuerpo cansado.

PENSAR

Uno nunca sabe si lo que piensa es genuino, auténtico y original o solo es la prolongación del pensamiento de los demás.
Subí las escaleras y escuché su respiración. Quise ver su rostro y mirar sus ojos para ver qué pensaba. Seguramente solo querría comer, era la hora, sin embargo, en mi cabeza revolotearon miles de pensamientos, unos más coherentes que otros. Luego se hizo el silencio y dejé de pensar porque los pensamientos no hacen ruido pero a veces, rompen la paz.
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