Se abrió una pequeña rendijita y entró la luz a raudales. No se como sucedió pero cuando cerré los ojos para dormir, aún tenía la sonrisa en los labios.
Quédate para siempre.
Quédate para siempre.
Una espiral de luz y color, la luna en todo su esplendor y una estrella radiante, ocupaban su cabeza día y noche. Sería por eso que ponía el cuchillo en en el frigorífico y la mantequilla en el cajón. Sería por eso también que caminaba con paso firme dejando las huellas de sus pies sobre la arena o el taconeo impaciente de sus zapatos sobre las losas. Debía ser esa la explicación, si, para que en medio de la noche se despertara y quisiera ir corriendo a ver si estaban todos en su sitio.
Mientras Iggy se emplea en enumerar todas las bellezas de Siracusa y las hormigas voladoras, cautivadas, se arremolinan alrededor de mi taza humeante. Mis ojos brillan de amor y miran a través de la montaña ennegrecida por la noche. La luna trata de hacerse un hueco al lado de la farola y mientras la miro pienso que es tan persistente esa luna, que muchos recuerdos diferentes pasan por mi mente, como las páginas de un libro.
Cuando lo miro tengo la sensación de volar en aquel columpio del parque de mi infancia. Como su mujer, me entrego a sus besos y como su niña,
Cada tarde, cuando paseaba con su perro por las calles, sentía que el mapa de su memoria estaba borroso, a veces no sabía en qué calle se
encontraba y cuando por fin lograba recuperar el sentido de la orientación, se derrumbaba
al pensar que todo había cambiado tan deprisa, que no le había dado tiempo a vivir plenamente con esa persona por la que sentía tanto amor. Por otra parte, el apego hacia aquella casa donde él creció y donde tuvieron muchas vivencias, le impidió, durante días pasar por la calle donde
estaba ubicada.
Tres flores rojas en un ramillete silvestre, completan esta noche tu pequeño altar. Se que puedes sentirme y yo, te siento. Te recuerdo encaminándote hacia tu habitación, con el sueño al filo de los ojos y la esperanza en el centro de tu corazón. Abominabas la enfermedad y todo lo que tenía que ver con ella, sin embargo,
Me pregunto qué es el espacio cuando por la noche recuesto mi cabeza sobre la almohada doblada. Mientras nuestra canción suena el espacio es infinito y puedo viajar por él haciendo parada en todas las constelaciones. La luz de las estrellas que ya no existen se entrecruza dibujando un pasadizo secreto por el que ascendemos. Tú, vestido con tus mejores galas, coronas mi cabeza con el anillo más etéreo de Saturno y luego, me abrazas.