Traduciendo los sentimientos

domingo, 9 de octubre de 2016

AMANECER

No hacía falta abrir los ojos para sentir que estabas a mi lado. Las sábanas destilaban el olor a galleta dulce que tanto me gusta y que solo está presente cuando nuestros cuerpos intercambian amor.
No hacía falta abrir los ojos para saber que un día radiante se abría paso entre los blancos visillos de la alcoba.
No hacía falta abrir los ojos para ver el verde de los geranios en el alfeizar de la ventana.
Abrimos los ojos y nos miramos, estábamos tan cerca el uno del otro que podía asomarme a los tuyos y sentir como tú penetrabas mi alma.
El tractor, enfilando hacia el campo trató de sacarnos de nuestro letargo de sábado pero nuestra música es más potente que cualquier ruido callejero. E
ntrelazados, seguimos durante un rato contemplando el nuevo día con las pieles fundidas.

martes, 4 de octubre de 2016

LA VIDA

Llegó una apisonadora llamada enfermedad y lo dejó sumido en la desesperación. Sentado en su silla, la de siempre, esperaba que un platillo volante apareciera para escapar a un mundo sin medicinas.
Tanto lo deseó que una mañana de sol y pájaros, cayó desplomado, abandonándose a su suerte.
Llegó una apisonadora llamada muerte y me anunció su partida, y mi cabeza estalló, como una granada que se lanza contra un enemigo.
Cuando abrí los ojos vi que mi cuerpo seguía intacto pero mis alas se habían hecho trizas. El polvo que las hacía volar, su ingenuidad y su transparencia, todo se había quedado envuelto en aquel fango de desesperación y tristeza.
Salí a la calle y al primer paso, un miedo desconocido y perturbador me hizo regresar a casa.
Me miro en el espejo y no veo en mis ojos la luminiscencia de la luciérnaga. Mi cabello encanece por segundos y mi risa no quiere salir de su escondite.
El dolor recorre cada circunvolución de mi cerebro y, no se si es tan verdad o solo es un invento perfecto del inconsciente para seguir rememorando sus manos ásperas de trabajador incansable o tal vez lo que quiero es volver a la niñez y recuperar así su protección y su abrazo.
La muerte cruzó la calle, y como una apisonadora se lo llevó sin miramientos, sesgando la vida en la casa paterna. Si pudiera verte, papá, te daría un beso, solo eso.

lunes, 3 de octubre de 2016

¡VAMOS!

Escapémonos juntos, y corramos como si no tuviésemos edad ni huesos, y, como si fuéramos seres de luz y color alumbremos los campos y luego, lleguemos hasta el mar y  hagámosle compañía
 a las olas en su letargo nocturno.
Escapémonos juntos ¡ven! para ganarle la batalla a la cotidianidad. Para hacer desaparecer todos los obstáculos. Paremos todos los relojes ahora y nadie nos buscará, porque sabrán, por la estela de risa, que por fin lo hemos conseguido.

domingo, 25 de septiembre de 2016

CON UN BESO

Me diste un beso en el ombligo y sin pensar me conectaste con un mundo olvidado. Allí tirando, tirando del hilo descubrí mi ser primigenio y me paseé por mis vidas pasadas. A bordo de un barco, en un mar enfurecido una ola arrebató mi cuerpo de tu abrazo y dejamos de ser uno. Pero eso fue en otra vida porque ahora que ya sabemos qué ocurrió, estamos entrelazados como la hiedra a ese roble vigoroso. Tú eres mío y yo soy tuya, susurro a tu oído mientras ajeno a mis sensaciones de amor y miedos infundados, me devuelves al presente con tu amor y con tus besos.

domingo, 11 de septiembre de 2016

COMO LA HIEDRA

Se acabaron las vacaciones pero... se nos enredó el amor y creció, creció...


miércoles, 10 de agosto de 2016

LA PASIÓN DE JULIETTA

Huyendo de un perro que le doblaba el tamaño, Julietta enganchó  una vara larga y fina que el jardinero había dejado junto a otros restos orgánicos y se impulsó, atravesando como una exhalación la tapia del patio, dándose de bruces contra el césped.
Las cortes sangrantes de su nariz alertaron a su madre,  pero el cerebro de Julietta emanaba tal cascada de endorfinas, que las heridas cerraron de inmediato.
Astuta, Julietta escondió de inmediato la vara para, más tarde,  examinarla minuciosamente. Era fuerte como el acero pero flexible como un junco. La naturaleza había puesto a su alcance un objeto mágico con el que pasaba horas practicando saltos imposibles,  cuando sus padres no estaban.
Un día, la confianza, enemiga de la prudencia, puso fin al secreto.
La madre gritó escandalosamente, haciendo perder la magia a la pértiga y el equilibrio a Julietta que salió despedida, de forma nada elegante,  por encima del arco de rosas.
¡Tienes que hacer algo con esta niña, Cosme!  Lloriqueó la mujer,  y él, resolutivo, lo hizo.
En el pódium mientras el himno solemne imponía silencio entre el público, Julietta, en lugar de morder la medalla de oro, se rascaba, sonriente,  las cicatrices de la nariz.


CUADERNO DE NOTAS

Erase una vez una gran ciudad en cuyos veranos hacía muchísimo calor y de cada ventana de cada monstruoso bloque de vivienda pendía un aparato de aire acondicionado. Dentro de las casas se podía vivir, aunque, respirar, lo que se dice respirar...
En la calle y también por esa causa la temperatura iba aumentando con cada nuevo verano.
La ciudad tenía grandes avenidas con árboles gigantescos, catalpas y falsos pimenteros, mimosas, robles y abedules. Magnolios grandiflora y ficus gigantes con raíces fúlcreas. Siempre que iba por allí se sentía como en casa, la sensación de que algo de aquello le pertenecía no se despegaba de su piel, sin embargo, ese calor agonizante era mucho más de lo que podía soportar.
Quizá se hacía mayor, o quizá había perdido la costumbre de poner los pies sobre su asfalto incandescente.
Por el carril bici lo vio llegar, sin embargo, iba a pie. Acababa de aparcar su coche en una calle adyacente y miraba a un lado y otro buscándola. Aunque ella alzó un brazo en señal de saludo él no la vio y entonces, aprovechó para observarlo mientras, él hacía una llamada telefónica.
El teléfono de ella vibró dentro de su bolso pero no quiso cogerlo. Esperó unos segundos más para así poder impregnarse de los rasgos de su niñez. Aquellos ojos seguían siendo los mismos ojos curiosos, y su boca se movía levemente como si de vez en cuando mascara un chicle imaginario.
Era el mismo niño pequeño al que cantaba canciones inventadas cada día de su vida, cada hora o cada minuto si hacía falta.
Sacó su teléfono del bolso pero ya no hizo falta descolgar, el la vio y le sonríó. Sin embargo, y aunque fue en busca de su abrazo, en su sonrisa faltaba la alegría de la niñez.
Quiso retenerlo unos minutos contra su pecho para ver si en una canción inaudible podía devolverle la inocencia y la dicha.

SUEÑO DE VERANO

Soñé que corría el mes de julio y que paseaba por una avenida cuajada de adelfas contigo. Soñé que tú, mamá
, sonreías y te maravillabas por la luz y el colorido y porque la brisa del mar se pegaba a tus brazos desnudos. Tu pelo blanqueando sobre tu rostro lo dulcificaba y embellecía. En cada paso que dábamos, nuestras miradas sin cruzarse, sabían de los sentimientos de nuestros corazones.
Si tú ya no tienes lágrimas, yo no quiero llorar para no entristecerte, pero echas de menos los besos de tu caballero y aunque no llores, tus ojos lo dicen  a gritos. Me abrazo a ti y procuro que no te falte ninguno.
Más tarde me senté en la cocina y en el humo que emana de la taza del desayuno me doy cuenta de que todo lo anterior no había sido un sueño porque aquí están tus huellas, las de tus pies sobre las losas, las de tu cuerpo sobre la cama, las de tu amor sobre cada planta que ha reverdecido con tus cuidados.
El mes de julio se llenó de emociones y sentimientos cuando se abrió la puerta y apareciste con tu maleta, tus pájaros y tu perro. Como sacada de un cuento de la infancia, entraste y permanecimos abrazadas el resto de los días.

lunes, 20 de junio de 2016

QUÉDATE

Se abrió una pequeña rendijita y entró la luz a raudales. No se como sucedió pero cuando cerré los ojos para dormir, aún tenía la sonrisa en los labios.
Quédate para siempre.

martes, 7 de junio de 2016

TESOROS

Una espiral de luz y color, la luna en todo su esplendor y una estrella radiante, ocupaban su cabeza día y noche. Sería por eso que ponía el cuchillo en en el frigorífico y la mantequilla en el cajón. Sería por eso también que caminaba con paso firme dejando las huellas de sus pies sobre la arena o el taconeo impaciente de sus zapatos sobre las losas. Debía ser esa la explicación, si,  para que en medio de la noche se despertara y quisiera ir corriendo a ver si estaban todos en su sitio.
El caso es que le gustaba llevarlos enredados en su pelo, ahí bien sujetitos, no fuera a ser que algún ladino desconsiderado acabara por quitar el brillo a aquellas tres joyas que siempre llevaba con ella...


...también tenía un corazón que amaba tanto, que a veces no le cabía dentro del vestido, el aletear de su ritmico, tic-tac, tic-tac, era a veces tan fuerte que levantaba una brisa que desordenaba sus rizos. A veces reía encantada y otras se asustaba tanto que intentaba reprimirlo sin éxito.
Cada tarde, sentada frente al mar miraba hacía la izquierda para traer hasta ella todas las vivencias pasadas. Luego los movía hacía la derecha para recrear las venideras, todas felices, claro.
Más tarde descubrió que esos ejercicios la ayudaban a tener la mirada limpia y clara, esa mirada con la que le gustaba mirar cada día a sus tesoros, que no eran otra cosa que el motor de su existencia.