Traduciendo los sentimientos

lunes, 7 de agosto de 2017

ORIGEN

Emprendieron un camino de amor por separado para llegar al mismo lugar. Se encontraron y en milésimas de segundo se fusionaron. Primero fueron dos y después convertidos en una sola célula asistieron a la extraordinaria paradoja de dividirse para poder multiplicarse.
Luego rodó hasta encontrar el lugar idóneo para madurar, un microclima a medida donde alimentarse, especializarse y desarrollarse.

Como un astronauta ávido de aventuras y suspendida de su cordón de vida exploró el universo contenido en su pequeña bolsa ensayando posturas, hipos y sonrisas. Después de cuarenta y una semanas,  estaba preparada para aterrizar en el nuevo mundo. La esperaban ilusionados. Reajustó su postura y con la destreza y el empecinamiento de una raíz atravesó a oscuras el estrecho conducto que separaba el agua de la sed, el silencio del ruido, y la seguridad del abismo. Llegó sin equipaje, sin mochila a la espalda. Llegó desnuda y con la piel por estrenar, rosada y cálida como un melocotón maduro.

Los brazos amantes de sus padres la arrullaron. No había nada que temer. Nayra, aún libre y genuina, abrió sus grandes ojos rasgados y bostezó estirando  su pequeño cuerpo de recién nacida. El viaje había concluido.

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