Traduciendo los sentimientos

martes, 28 de junio de 2011

NO DEJES DE ESCRIBIR

Me lo dijo con su tono afable y una sonrisa en sus ojos. Imposible dejar de hacerlo pensé en ese momento en que no podía contestarle. De sobra sabía que intuía mi respuesta.
Me pregunté también en ese momento qué provoca la motivación, porque un día te sientas y no te sale una sola palabra y sin embargo otro, los dedos se mueven tan deprisa que aparecen sobre el fondo blanco, letras que no deseas, sólo porque derramas tu impaciencia sobre el teclado, porque quieres descargar lo que está dentro de ti, ubicado no se sabe dónde. Qué resorte es el que detiene el manantial y cual el que lo impulsa a fluir hasta vaciarte. Cuánto misterio en el interior cuando en realidad sólo somos moléculas que fluctúan inmersas en agua salada, las mismas que forman cualquier otro cuerpo inerte combinadas de otro modo, esa es la única diferencia. Corrientes eléctricas que nos recorren a saltos de parte a parte. Comunicación, esa es la clave, es lo que distingue lo vivo de lo inerte: los puentes establecidos, los enlaces, la comunicación, el trabajo en equipo, la especialización.
No tiene que ver con la edad, ni con el sexo, ni siquiera con el estado de ánimo. No tiene que ver con la luz ni con la oscuridad, con la quietud ni con el movimiento, tampoco con la estación del año ni con la hora del día. Da igual si eres de hábitos nocturnos o diurnos, si necesitas un café o no para estar despierta, que hayas comido o que no tengas que llevarte a la boca, si eres pobre o nadas en la abundancia.
Un día te sientas y de pronto y sin pedirte permiso los dedos se mueven y de forma sorprendente lo que queda escrito tiene sentido. Lo lees luego y de todo el texto reconoces sólo parte, otra se ha entretejido sola y comprendes que eres el vehículo de transmisión de las ideas que las moléculas hidratadas han creado.

martes, 14 de junio de 2011

El CUENCO TIBETANO Y LA LLAMA DE LA VELA

Huyendo del infinito silencio que empezaba a hacerse tedioso por la monotonía de los días vacíos de presencia, acostumbró a sentarse en el suelo en el centro de la habitación de techos bajos y paredes blancas, cerca de la cama y de espaldas a la puerta, veía muy bien, sin embargo, la cómoda de madera de pino sobre la que reposaban los collares de piedra y los pendientes colgados del expositor. Sus ojos abiertos buscaban un punto en la parte más alta de la pared, entre el verde de la máscara veneciana y la dacha azul del cabello del ángel alado que pendía de una hebra de lana del mismo color, desde el día en que se lo regalaran. En un instante en que parecía que el corazón no podría soportar por más tiempo la presión de las horas aviesas, ocurrió un suceso mágico no por lo imposible si no por lo extraordinario:
Desde un lugar conocido, una onda vibrante y tenue al principio, comenzó a extenderse, a la vez que crecía en sonoridad, por el espacio contenido entre las paredes de aquel habitáculo. Al elevarse y descender, al moverse de un lado a otro impactaba, como la escarcha sobre el cristal en una tarde granizada de otoño, con los distintos objetos que encontraba a su paso componiendo una melodía inusual y heterogénea. Los oídos de la mujer se abrieron extasiados al sonido y todo su cuerpo actuando como un ánfora fue receptor de la vibración creciente que traía la armonía a su cuerpo vapuleado por la nada.
Cercana a un vaso cuajado de rosas de melocotón aterciopelado, la llama de la vela encendida vibraba al compás del tañido y en su afán por acompañarlo emanaba un aroma de canela envuelto en una estela de humo anaranjado, componiendo una figura veraz en la atmósfera sonora y perfumada: la silueta de una mano.
Absorta en la contemplación del prodigio y ebria de perfume y rosas se detuvo en los detalles de la silueta, aquella que configuraba una mano cálida, de dedos y uñas cuadradas, una mano ágil que con un movimiento giratorio de muñeca hacía caminar de puntillas a un mazo de madera sobre la superficie de un cuenco tibetano de siete metales.
Es, desde que aconteciera ese hecho, que cada día, a la misma hora, sentada sobre el suelo en el centro de la habitación, la mujer se instala tranquila, sabiendo que un día más la onda expansiva y sonora permitirá la danza de la vela. Es en ese instante cuando la mano de nudillos arbolados acaricia su corazón y le ofrece la savia de su boca y el refugio de su abrazo. Aún cuando el cuenco enfundado reposa y la vela pertinaz hace un amago de extinguirse, la mano y el corazón se rozan y en todos los lugares del planeta puede sentirse la vibración del encuentro, el agua se acerca a la Tierra que sedienta besa la orilla agradecida.
Desde ese día y a esa hora, la magia se abre paso y ninguna mueca de tristeza tiene cabida en el Universo.

sábado, 28 de mayo de 2011

MI ARCOIRIS PARTICULAR

Como suele suceder con las cosas buenas de la vida, un día pasan sin que las esperes. El arco iris se extendió por mi cielo, sin llover ni salir el sol. No supe, cuando creé este blog por qué le puse ese nombre pero ahora lo se, lo estaba esperando, al arco iris y llegó.

LATIENDO DENTRO DE UN HUEVO

De un agujerito minúsculo horadado en el extremo de la delicada seda amarilla, salió con las alas replegadas alrededor de su cuerpo, la más tardía en su desarrollo. Aleteaba con fuerza inusitada, como si quisiera escapar a su destino, buscando el contacto con una compañera a quién contar la experiencia de la transformación. Se acercó a unas y otras pero todas estaban empleadas en la faena de la procreación y ella, al cabo de un rato, exhausta en su pertinaz movimiento de vida, se arrinconó y pareció, momentáneamente, aceptar su suerte. Más tarde su quietud se hizo apacible o eso me pareció a mi, al estar unida a otro ser. Por alguna extraña razón me sentí feliz al contemplar el espectáculo, quizá porque lo llevé a mi terreno y sentí de una manera especial la felicidad que otorga el compartir los momentos en pareja. Respetuosamente me alejé, para no perturbar la placidez del momento.
Algunas, las nacidas en primer lugar, empiezan a abandonar la vida en pro de la nueva que vibra en el interior de los huevos que, minuciosa y abundantemente, han dejado sobre las paredes de su habitáculo, sin descanso, sin alimento. Nacieron para tener un intenso y breve contacto entre ellas y dejar luego la vida encapsulada para poder morir satisfechas de haber cumplido el primero y mayor objetivo de sus vidas, la perpetuación de su especie.

miércoles, 25 de mayo de 2011

COLGADOS DE LA LUNA

El cielo está tan despejado hoy que podremos ver la luna sin problema, tiene esa forma de hamaca en la que me gusta mecerte. Primero te quitaré los zapatos, con cariño, dulcemente y te invitaré a que te recuestes sobre ella. Traeré el libro de las hadas ¿recuerdas?... a ver que piense donde lo tengo...Sí, lo traeré y me tumbaré a tu lado, allí donde compruebe que la luz de una estrella permanece, para que la lectura sea amena y sin interrupciones. ¿Te imaginas que fuera una estrella fugaz la que nos iluminase? Yo moviendo el libro de acá para allá para centrar el texto, para no perder la línea y agrupar las sílabas correctamente. Tú riendo ante mi improvisado y forzoso baile de San Vito.
Ahora que lo estoy pensando... no sé si el cielo estará tan luminoso como desearíamos, mira que aquí en la ciudad todo el esplendor del universo se pierde, ya te lo decía cuando te contaba aquella historia de la mujer que balanceaba sus piernas cruzadas, a ritmo de una pieza de jazz inexistente.
Se me ocurre una idea mejor ¡dejemos el libro! deléitame con tu voz armoniosa y sensual, cuéntame en voz baja una historia del pasado, un misterio... ¡lo que quieras! Ocuparé el hueco que me ofreces entre tu pecho y tu brazo derecho, en silencio, con los ojos muy abiertos esperando el desenlace. Bésame en las comas, abrázame en los puntos y a parte. Deténte un momento ahí, justo ahí donde se descubre la trama, para que la piel se adueñe de la vibración que tu voz entusiasmada me transmite envolviéndome en el misterio, no el de la historia que relatas sino en éste de que estando colgados de la luna hayamos alcanzado la plenitud en medio de la noche universal.

domingo, 22 de mayo de 2011

SILENCE

Todo era silencio, sólo el canto de los pájaros llenaba el aire en la tarde cálida de mayo.
Con paso firme se acercó a la pared que había sufrido los daños provocados por la intemperie de otoño. En un bol de zinc, machacaba una piedra gris y dura con insistencia. Por cada golpe seco y rotundo, una espiración. Por cada nueva elevación del mazo en el aire, una inspiración dejaba entrar oxígeno de nuevo. El pantalón azulón mil veces usado y remendado cubría sus piernas hasta los tobillos, las sandalias veraniegas dejaban ver sus uñas, duras y curtidas por el tiempo. Los labios apretados en un gesto de tenacidad frente al pulso diario con la vida y su rostro sereno aparecían enmarcados en un pelo luminosamente blanco.
Una voz que detuvo el canto de los pájaros, paró en seco el mazo y sacó, repentinamente, al hombre de sus pensamientos. La voz le preguntó si quería un helado de turrón. Al principio sus cejas se arquearon y las gafas que hacía tiempo sustituían al cristalino enmarañado por los días de sol, miraron el reloj de pulsera que rodeaba su muñeca curtida por el aire de todas las estaciones, luego asintió con la cabeza y sus ojos sonrieron.
La voz adquirió presencia con la llegada de una mujer afable, de vestido colorido, cuerpo ágil y manos temblorosas. Sus ojos expresivos estaban empequeñecidos por la acción repetida de fijarlos sobre las telas en las que iba dejando huellas y sentimientos en forma de pespuntes y sobrehilados.
Él tomó asiento en el patio, sobre un sillón de sky que debió ser de color crudo en un tiempo y estiró sus piernas cruzando un pie sobre otro, frente a la jaula de los pájaros cantores, frente a la profusión de flores coloridas que rompían el blanco monótono de la pared, impresas sobre vastos lienzos de paño de algodón; su obra más delicada, aquella donde plasmara a menudo sus cantos y la poesía, inquilina eterna de su corazón. Se ajustó las gafas y recibió el manjar con la ilusión del que un día soñó que volaba. Ella satisfecha y sonriente se sentó cerca de él, detrás del umbral que separaba el patio de la estancia principal, en una silla de asiento rojo y listado, con idéntica postura que él, mimetizándose con él. Con la misma fruición se deleitaron como niños que añoran el sabor que no poseía la escarcha tintada de su infancia.
No les hacía falta hablar para decírselo todo.
Sabían que no tenían la llave del tiempo para poder detenerlo y tirarla luego lejos, pero sí tenían la del sosiego que da, según contemplo, la calma del que ya no teme, ni se aferra a lo que es banal y efímero.
Mientras algunas gotas del helado derretido resbalan por sus manos y unos pájaros ensayan su canto de nuevo. El silencio de la plenitud lo llena todo. Sentados frente a frente se miran con la certeza de que ni siquiera el sabor del helado es eterno, tampoco en el recuerdo, por eso saben disfrutarlo plenamente.


22 Mayo 2011

Tres en la carretera - Festival Internacional de Poesía de Granada - 22/05/11 rn3

miércoles, 18 de mayo de 2011

TÚ Y BECKER PERO SOBRE TODO TÚ

Elevé la copa emulando nuestro brindis y me detuvo el color intenso y púrpura del granate que oscilaba con la luz y se hacía inmenso. Humedecí mis labios registrando cada nota de sabor, para imprimirla en tus labios con un beso de frutos rojos y madera de barrica de cuatro años. Con la vista en un punto que atravesaba la atmósfera recorrí todas las instantáneas de nuestra historia, tú sosegado y con sonrisa franca calzándome las alas que me dieras el día que nos reunió el universo. Yo impaciente por probarlas, rodeándote el cuello con mis brazos, deshaciéndome en el agua de tus besos.
Podrá en el sendero del tiempo abrirse la boca de un volcán y arrollarnos en el devastador suceso. Podrá embestirnos un terremoto y cambiar a la tierra su pulso girándola en el sentido inverso. Podrá el sol negarnos su luz de vida y la luna persistir en su cara oculta y su fase nueva. Podrán no atravesar el cielo más estrellas fugaces y llenarse nuestros ojos de lágrimas y ausencia, pero tu y yo tendremos creciendo siempre en el alma una brizna verde, la que tejió la enredadera enamorada, día a día, beso a beso, colmada de semillas engendradas en el devenir de los días mientras caminamos en la misma dicha, mientras nos arrullan los mismos sueños.

lunes, 16 de mayo de 2011

COMO NADA VA BIEN

No es propio de mi y menos aún es propio del estilo de mi blog, pero está todo tan... poco equilibrado. Últimamente he escuchado muchas veces como nos hemos visto inmersos en esta debacle económica, paso a paso, desmenuzado el proceso y es asombroso y repugnante ver como las personas que nos han conducido hasta aquí, siguen levantándose cada mañana más ricas que el día anterior, más ricas y además tranquilas y pisoteando cuanto pueden al que realmente está pagando los platos rotos (entre los que me encuentro)... deseo que la historia de los monos que aprendieron a lavar las patatas dulces en la playa se haga realidad en nosotros para que no sólo sea el centésimo mono el que aprenda de la experiencia.
Sirva hoy este escrito de trampolín a la idea de un compañero (que quizá más de una persona ya la trajinaba en su cabeza) . Votemos, no en blanco, sino en rojo, tarjeta roja a la clase política. Que conste por una vez que el hecho de ir a votar es una expresión de libertad y que cuando se vota en blanco es porque no se quiere nada de lo que hay. Es porque no se quieren hacer eco de esta expresión por lo que... VOTEMOS EN ROJO, con una leyenda escrita:
POR UN SILLÓN/ESCAÑO VACÍO

sábado, 7 de mayo de 2011

EL AISLAMIENTO Y LA TRANSFORMACIÓN

Cómo cada mañana desde que están en la casa, en cuanto me levanto voy a verlos, todos estos días han estado dinámicos y voraces, no había tregua, comían sin parar, alcanzando un tamaño considerable en poco tiempo.
Hoy se movían a cámara lenta y al asomarme no me han "saludado" como otros días, de hecho, uno de ellos estaba en un rincón, meditando, parecía, escudriñando las paredes del grisáceo cartón.
Me he puesto triste, no sé por qué, quizá porque ese ralentizado movimiento implica el paso a otra vida diferente, una vida que será igual de fugaz a la que en este estado han tenido.
A mediodía he insistido a ver si con el manjar fresco, suave y terso se animaban, pero nada ha surtido efecto, he mirado a uno, luego a otro y por último al primero que abandonara la compañía de los demás, éste, ya había tejido a su alrededor un finísimo velo impenetrable, laboriosamente, sin prisa, sin distracciones terrenas.
Ahora, he vuelto sabiendo que no habrá un cambio de actitud, sabiendo que en unos días todos habrán desaparecido dentro de la tupida estructura que con esmero tejen, para no quedarse desnudos a ojos de todos, para vivir su transformación en soledad, para salir después fortalecidos y alados, para entregar su vida en un último vuelo en pareja en beneficio de la perpetuación de su especie.