Él, que solo era un espectador más. ¿Por qué él? Era tímido. no le gustaba para nada ser el centro de atención. Mujeres, niños, ancianos, maleantes y excombatientes volvieron sus rostros hacia él. Rostros con pieles de distintas tonalidades. Rostros que expresaban diferentes sentimientos: algunos hubiesen querido ser él, el elegido; otros se persignaban agradecidos de no haber sido el blanco de la mirada de aquel hombre de rostro draculiano y ropa multicolor que llegó al pueblo en un viejo carromato en cuyo exterior podía leerse "UN VIAJE MÁGICO SIN RETORNO"
Mucho tiempo después, cuando los niños que presenciaron esta desaparición peinaban canas, tuvieron conocimiento de lo que llamaban una leyenda urbana: el mago solo era un vil asesino, ávido de vísceras con las que comerciar. No lo sintieron por los hombres desaparecidos, se lamentaron porque se burló de su inocencia.
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