Traduciendo los sentimientos

lunes, 4 de febrero de 2013

LA LAGUNA DE NAVIDAD

Sentémonos en este banco junto al río, para mirar los peces a través del agua cristalina. 
¡Qué bien se está en este bosque cubierto de hojarasca otoñal al abrigo de tu abrazo!
¿Percibes el olor a vida?
Son los árboles que se alegran de nuestra presencia y se comunican entre ellos a través de los pájaros y los insectos. 
Que diferente este silencio del  impuesto por la soledad. Es muy bello este silencio en tu compañía, me permite mecerme al ritmo de tu respiración. 
 Improvisa para mi un columpio e impúlsame con tus brazos para ver de cerca aquella ardilla que, incansable, se cuelga de las ramas de los árboles. 
Impúlsame tú que yo canto.

Eche usted la despedida
por la noche y por el día.
Los galanes a la puerta,
la mesa no está compuesta.
El pucherito a la lumbre,
que retumbe, que retumbe.
Tanto como retumbó,
el puchero se quebró.
Ya vienen las monjas
cargadas de toronjas.
Ya vienen los frailes,
cargados de costales.
Vienen las madamas
cargadas de manzanas
y los caballeros
con membrillos peros.
— ¿Dónde estás?
—¿Qué comiste?
—Pajarilla.
—¿Te supo bien?
—Como la miel.
—¿Te supo mal?
—Como la sal.
—Bájate, bájate, ya
que me quiero columpiar.

 

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