Traduciendo los sentimientos

miércoles, 25 de enero de 2012

jueves, 19 de enero de 2012

MORIR AMANDO

La música llena mi tarde. Mi corazón feliz, siente, sin embargo, nostalgia por todos los abrazos que atraviesan  el espacio cuando los pienso.
Viajan en compañía, con las esporas, los pólenes, los gases de la contaminación y el oxígeno de la vida.
Quiero morir abrazando a los seres que amo, que son...tantos... y están tan repartidos...
La música llena de luz y nostalgia la tarde, a través de la ventana puedo ver todas las sonrisas que desprenden los rostros de los seres que amo. Les sonrío desde el interior, a través de la ventana que empieza a enfriarse y a través de mi corazón que siempre permanece cálido, por mucho que se empeñaran algunos en arrojar escarcha sobre mis pensamientos.
Quiero morir con la sonrisa amplia e intacta. Qué ningún frío malintencionado hiele jamás mi alma, que mi cuerpo conserve eternamente el calor de los abrazos que tantas veces me han envuelto..

domingo, 15 de enero de 2012

EL VIL METAL

Por dinero ¿que haría por dinero?
Lo emplearía en algo o alguien que fuese capaz de hacer desaparecer la ambición de dinero en los hombres.
Eres más esclavo que el trabajador más explotado, él en un momento dado tiene su dignidad.
A ti, que amas el dinero por encima de todo, ya no te queda.

sábado, 14 de enero de 2012

A MI QUERIDA REYES SIERRA

Que no hubiese dado aquellos días por devolver la sonrisa a tus ojos y la vitalidad a tu cuerpo postrado en aquella cama hospitalaria que tan poco te gustaba. Han pasado tantos años ya y aún siento el sabor de la derrota que sufrí aquella mañana en el ascensor. cuando el doctor de ojos verdes y pelo castaño decidió por fin hacerme partícipe del cruel veredicto. Cómo volver a entrar en el cuarto donde te hallabas postrada y fingir que nada ocurría cuando las lágrimas se agolpaban y empujaban entre ellas queriendo producir un desbordamiento en mi rostro contrariado, acongojado, enfadado e impotente. Mal que bien llegué hasta ti y disimule cuanto pude, habría que preguntarte a ti ¿dónde estás? si percibiste el  nerviosismo en mis manos y en mi piel que, colapsada, transpiraba a ritmo vertiginoso.
Hubo muchos momentos de serenarnos una al lado de la otra, mucha complicidad en el silencio y mucha risa en las palabras.
Fue fatal descubrir una mañana que en la noche solitaria, habías perdido el equilibrio. Tu cara cuajada de moratones y tu extrema delgadez te hacían parecer una sombra vagando por los pasillos de aquel lugar del que querías escapar a toda costa.
Qué descontenta y decepcionada estabas con el comportamiento de tus hijos, tu corazón no podía comprender  cómo después de una vida de volcarte en ellos, de vivir para ellos, de anularte, de cansarte hasta la extenuación, no podías comprender, decía, que ellos no tuvieran unos pocos minutos para decirte que te querían.
No eres una mujer acaparadora,  no hacía falta pasar la tarde entera contigo. Una caricia, un beso, una palabra, un minuto al lado de tu cama hubiesen sido suficientes, pero por desgracia las cosas no suceden como uno desea y cada día que pasaba en aquel cuarto era un día de condena para ti, un día más para perder el ánimo, para no comer bien, para no encontrar el lado positivo por más que nos empeñáramos tu y yo en planificar los días venideros.
Tu tan vital y risueña, tan trabajadora y servicial, tan prudente. Tú la de labios carnosos y ojos verde grisaceos, la del pelo gris, lacio y en melena corta. Tú la de los vestidos floridos y las pantorrillas gruesas. Tú Reyes, me proporcionaste momentos inolvidables. Cuánto nos reímos juntas, qué bien nos entendíamos, cuántas confidencias compartimos, cómo me gustaba coger tu mano en los días de enfermedad y transmitirte con ella, un poco de esperanza.
Ojala alguna vez lo consiguiera porque el día en que los calmantes fueron tantos que abandonaste la coherencia , ese día y aunque tus constantes vitales funcionaran aún, tu ya habías muerto porque eras como un pájaro y amabas la vida, para ese momento tan triste ya te habías liberado de las fuertes cadenas que te postraron en la cama, las cadenas de la enfermedad.
Hoy puedo ver que has conseguido tu objetivo, ser libre, lo sé porque  porque estás viva en mi pensamiento.

jueves, 12 de enero de 2012

ENTRE OLIVOS Y LECHUGAS

Te esperaba en la puerta y te vi llegar a lo lejos, tus pasos traían el peso de las horas sin sol. Entre tus manos recién lavadas cogiste las mías y las llevaste a tu boca. Me lancé de cabeza a tu abrazo y temiendo mancharme te entregaste sólo a medias. Quise despejar tu cabeza de esa gorra y perder mis dedos en tu cabello, acariciar el filo de tu oreja y deslizarlos lentamente por tu cuello. ¡Luego!, me dijiste sin palabras y sólo tuve que esperar el tiempo de que te encontraras cómodo en tu atuendo, tu calzado y tu piel de persona que gusta disfrutar su tiempo. Caminamos por un sendero flanqueado por olivos y naranjos, al fondo, las lechugas mostraban orgullosas sus primeras hojas flexibles y de un verde virginal, para cuando nos sentamos alrededor de aquella mesa hecha de troncos, la sed y el hambre nos habían invadido. La cesta, repleta, quedó olvidada mientras uno a uno nos regalamos los besos atesorados en las horas de traje azul metálico, de tizas y encerados

SENTIR. ESTAR

No he vuelto a caminar por el pasillo hacia las habitaciones donde mis niños duermen, no he vuelto a mirarlos en el silencio y la oscuridad de la noche pronunciando con mis labios un beso.
No he vuelto en cuerpo, pero mi alma vuela cada día hasta ellos, acaricia sus cabellos y roza ligeramente sus rostros, cuando se asegura de que todo esta bien, mi alma regresa a mi y entonces cierro los ojos y sueño.

martes, 10 de enero de 2012

CORAZÓN DE DOMINGO

No hacia falta abrir los ojos al amanecer para sentir el latir del corazón de domingo: antipático, solemne, reiterativo, monótono, silencioso...
¿El corazón o el domingo?
Los dos a una.
Lo peor, el tic tac del reloj que se ha despertado a  la vez que yo y estará todo el día presente buscando su protagonismo.
Déjame dormir un poco más que es temprano, no me vengas dando la lata con tus manecillas ruidosas, silencia la carrera del segundero y quédate tras de la puerta y no entres que aún no ha amanecido y quiero pensar que todavía el sábado durará la eternidad.

LA ÚLTIMA CENA

Ataviados con ropa elegante y veraniega recorrieron la ciudad aquella tarde de verano, aún hacía calor cuando enfilaron la avenida principal,  poco a poco la brisa fue adueñándose de la noche y del cabello de Eloise.
Eligieron sentarse fuera, en un velador próximo a una enredadera de bouganvillas anaranjadas.
Antoine estaba exultante, pletórico al poder mirarse en los ojos de Eloise, al sentirse prematuramente ganador de una noche de caricias y arrumacos. Jamás hubiera podido imaginar que mientras por su mente volaban estos pensamientos, los motivos que les habían llevado hasta allí eran totalmente diferentes.
Ella se dejaba acariciar por la brisa de la noche de verano, sensación de libertad que la incitaba a acariciar mentalmente sus tan ansiadas alas. Antoine, sin embargo, no pensaba en otra cosa que no fuera acariciar la piel bronceada de Eloise. En ningún momento ella hizo un gesto que pudiera dar a Antoine una esperanza en ese sentido, es más, la conversación fue superficial y vana, como venía siendo habitual en los últimos encuentros en solitario, sin embargo, Antoine veía en el paseo y la cena compartidos, la promesa de una noche interminable y conciliadora.
Para terminar la velada brindaron con champagne y volvieron a casa en taxi.
Durante toda la noche Eloise quiso decir algo importante pero no pudo o no supo.
Cuando llegaron a casa ella se puso un pijama de verano mientras Antoine entraba en el baño, para cuando salió vio que ella dormida ya, como tantas otras veces, sonreía saludando a sus sueños.
Después de dar muchas vueltas en la cama Antoine pudo por fin dar las buenas noches a Morfeo quien se percató enseguida del amargo sabor de boca que le habían dejado los besos imaginados en la piel de Eloise.

VUELVE A CASA VUELVE POR NAVIDAD

Este año más que nunca he sentido plenamente esa frase tan manida y he desentrañado su significado. Hasta ahora, cada vez que sonaban las notas de esa canción que tenía como mensaje último el consumo (qué otra cosa) imaginaba, guiada por las secuencias que se sucedían, el hogar cálido donde reunirme con los míos, el hogar de siempre, aquel del que sabía en que cajón encontrar el mantel y los cubiertos, ese en el que era hija o ese otro más tardío en que ya ejercí de madre.
Salí de la casa que ahora habito, mi casa actual, donde reposan los libros y la música, entrañables por lo que representan, el día veintitrés de diciembre con el sorteo de navidad reciente y frustrado, salí y atravesé semidesiertos y montañas nevadas, pinos y abedules, encinas y robles hasta llegar a mi destino: los brazos que  se abrieron para recibirme.
Los míos extendidos abarcaron sus cuerpos, en mi corazón todavía infantiles. Hasta pude escuchar las notas de esa canción de anuncio y la emoción imposible de contener llegó a mis ojos.
 Llegué a mi casa, volví a mi hogar pero no reconocí el barrio, ni las paredes, ni los dormitorios; la cocina estaba en un lugar diferente y la luz se reflejaba en los barrotes de un balcón antes inexistente.
Desentrañé entonces el significado de la frase que da título a estos pensamientos porque supe en mi corazón que "la casa" a la que siempre se vuelve es la que se cimenta con los ladrillos de la convivencia y la comprensión, compartiendo lo bueno y lo malo.
Volví a casa por Navidad porque me llené de sus abrazos queridos y disfrute plenamente de la risa de sus gestos.