Traduciendo los sentimientos

martes, 12 de agosto de 2014

REVELADO

Detrás de aquella minúscula mesa vestida  de crespón amarillo con grandes flores azules, el adivino la esperaba con las cartas en la mano. Aún sin barajarlas miró más allá de su rostro y expuso solemne: no has venido sola, un ser inmaterial te acompaña.
Ella sonrió complacida pues  había sentido muchas  veces la brisa fresca en su piel, esa tan diferente de la que produce el aire atmosférico.

El hombre salió un instante y ella aprovechó para inmortalizar con una fotografía aquel momento. De vuelta a casa la descubrió. Como ella, miraba y sonreía a la cámara.

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