
Los recuerdos que forman nuestra vida y que a veces, son responsables de nuestra muerte.
Quiero reunirme contigo en un lugar del Universo donde ambos estemos libres de recuerdos, vírgenes de sentimientos y pensamientos, sin heridas; inocentes en el amplio sentido de la palabra, inocentes y puros.
Quiero bañarme en tu mirada cristalina y que tú te sumerjas en los míos, como Adán y Eva, desnudos y asombrados de su desnudez, sin huellas, sin memoria, sin heridas ni cicatrices. Como cuando tú y yo nos amamos, del mismo modo que cuando en ese éxtasis infinito, tu cuerpo y el mío se funden dejando que la energía del Universo nos atraviese. Entonces somos indivisibles, valientes, fuertes y etéreos, entonces carecemos de cuerpo físico y de ese modo podemos volar, como esta hormiga que ha perdido su centro de gravedad y gira incansable sobre el folio al ritmo de la música.
Mientras me amas y nos dejamos mecer por el presente, siento que transcendemos todas las vidas para encontrarnos de nuevo en ese punto original en el que sin memoria ni suturas, corríamos descalzos y desnudos tras una manzana.