Traduciendo los sentimientos

sábado, 18 de septiembre de 2010

LA VISITA INESPERADA

Hoy vino a visitarme la urgencia de tenerte y tuve que hacerle un sitio, por cortesía. No la traté más que lo justo, lo que imponen los cánones del decoro
y la educación pero no he querido hablarle de tu, para no familiarizarme con ella.
Me expuso sus argumentos y presté atención a medias intentando traer tu imagen y tu voz a la tarde solemne y gris que la visita inesperada me ha impuesto.
Pasado un tiempo prudencial he comenzado a removerme en mi asiento, para que se de cuenta de que no es una visita grata y así, tal vez no vuelva.
Más serena ya después de su marcha, he querido contarte las sensaciones acumuladas en esos minutos, sin embargo, tú no estabas receptivo a tanta frase elucubratoria, porque en realidad todo es una elucubración de mi cerebro enajenado por los días de no verte.
He intentado cambiar el tono de la conversación para resultarte más amena pero la susceptibilidad y el agotamiento que produce el pensamiento obsesivo, se habían quedado en la salita de espera, como guardianes de la tarde.

LA VISITA ESPERADA

Leyó un día una historia sobre una chica que quería trabajar en una película, leyó también que el tiempo transcurría y que el guión para su película se demoraba tanto que los días iban pasando llevándose parte de su juventud y su belleza. Se vio reflejada en esa chica, no porque quisiera participar en una película, no, sino por el devenir de los días que la arrastraban en una vorágine de sinsentidos y ventoleras y la zarandeaban de la tristeza a la euforia sin apenas darse cuenta. Bueno, sin darse cuenta hasta ese momento en el que leyó la historia, ese día, después de leer esto, cerró el libro y a la vez cerró sus ojos y aunque no quería, algunos de los episodios de su vida pasaron por su mente, episodios pasados y recientes porque recientemente se preguntaba no por el sentido de su vida, ni de dónde venía ni a donde iba, que esas eran preguntas sobre las que ya le hicieron reflexionar en su época de instituto, se preguntaba más bien, si estaría en el lugar adecuado y si sería el momento adecuado, pero no tenía muy claro para qué. Cualquier persona por muy cercana que fuese que quisiera comprender lo que le ocurría se sentiría un poco abrumada por la complejidad de la situación y es que ese órgano con circunvoluciones es tan enrevesado a veces y hace tantas cábalas insensatas e inútiles que acaba por volver loco al más cuerdo. Después de reflexionar sobre el hecho y de no llegar a ninguna conclusión como era obvio, abrió los ojos y soltó el libro sobre la mesilla de noche, se levantó de la cama, se dirigió a la cocina y se puso el delantal para empezar a guisar coquinas. La casa estaba en silencio, solo estaba ella y solo se escuchaba la radio y de vez en cuando el sonido del agua de lluvia impactando contra el cristal de la ventana, entonces, no pensó en su vida actual si no que se transportó al tiempo en que vivía en un pequeño edificio , de minúsculas casas donde Vivian seis vecinos, la mujer del primero vendía huevos y chucherías y se le vinieron a la cabeza aquellas tardes anochecidas en las que iba a comprar algo y al entrar la luz amarillenta y la voz del locutor de radio gobernaban la casa. Era un ambiente triste para ella que era una niña, sin embargo, ahí estaba como la señora María con su luz, no amarilla que la modernidad le había proporcionado bombillas de bajo consumo, y la radio sonando, y no era triste en absoluto, al contrario, le parecía un lujo poder estar escuchando esos programas que igual le sacaban una sonrisa que le tocaban las fibras con las distintas historias y las melodías reinantes, ya fueran de la época o aquellas que nunca pasaban de moda. La música, los textos y allí estaba aquella chica que quería ser la protagonista de una película, la imagino mientras le quitaba las telas a las cebollas y pelaba los dientes de ajo, no fue difícil porque el libro la describía en las primeras páginas: Tenía la tez morena, el pelo ondulado aunque se empeñaba en ponérselo liso, nunca había conocido a nadie que estuviera conforme con su pelo, su cuerpo escultural, hombros bien alineados, pechos rotundos y unas caderas redondeadas que daban paso a unas largas piernas bien torneadas. Sin embargo, allí estaba, parada en su juventud, dependiente de un marido y unos padres, privada de libertad por las creencias y las costumbres de su país, privada de lo esencial, esperando que alguien llamara a su puerta para ofrecerle la película de su vida… Las cebollas estaban ya pochaditas y el timbre sonó en su casa, no supo si abrir o no, estando sola, no se fiaba ya de nadie, tanta noticia truculenta, tanta estafa, tanto abuso, tanto robo… miro por la mirilla y allí había un hombre encorbatado, sería un vendedor claro, pero bueno, le dio pena y al fin y al cabo, su vecina estaba pintando la casa y todo el rato entraban y salían trabajadores. –Buenas tardes. –Buenas tardes, ¿qué desea? –Mire estamos haciendo una encuesta sobre unas galletas y me gustaría hacerle unas preguntas. –Bien, pero no tengo mucho tiempo para atenderle, espero que sea breve. Cuando se dio cuenta habían pasado ya tres cuartos de hora por lo menos y allí se encontraba diseñando el nuevo envase de las galletas ya que entre las preguntas constaban algunas de marketing sobre el nueva imagen de la marca. Luego le preguntó su nombre, porque había que confirmar la entrevista. El hombre parecía animado y la verdad es que a ella se le habían olvidado las preguntas existencialistas y casi casi se le quema el guiso de coquinas. Dijo él que olía muy bien y ella sin pensar dijo que podía quedarse a cenar si quería, él la miró entre complacido y asombrado y ella sonrió nerviosa tratando de hacerle creer que todo era una broma. Se despidió cordialmente y le dio las gracias, no supo por qué pero le dio las gracias. Luego comprendió que le había dado las gracias porque la había sacado de la tristeza que empezaba a ganarle el terreno aquella tarde. A las nueve y media volvió a sonar el timbre y se sobresaltó, no por nada especial, simplemente porque se acababa de duchar y se disponía a servirse la cena inmersa en sus pensamientos. La radio había dejado ya su espacio al televisor y se escuchaban las risas y las voces de un programa cualquiera de los clasificados como basura, que seguro superaban por si solos los veinticinco decibelios permitidos en la noche. Cuando miró por la mirilla no sabía qué hacer, sus movimientos eran rápidos y parecían desesperados. Allí estaba el hombre enchaquetado arreglándose la corbata. Fue a su cuarto y se puso un jersey encima del pijama y luego abrió. –Me gustan mucho las coquinas –dijo él– éstas olían de muerte. Puso otro cubierto en la mesa y cambió el canal de la televisión a la vez que bajaba el volumen. Curiosamente, charlaron, mucho primero sobre las galletas y su nuevo envase, luego sobre la chica del libro y sus deseos no satisfechos, posteriormente sobre como eso que le ocurría a ella es lo que nos suele pasar a todos, lo que esperamos y lo que obtenemos y cuando terminaron de cenar, era tan tarde que él sintió vergüenza porque ella abrió la boca, no por aburrimiento si no porque se levantaba muy temprano para ir al almacén de frutas en el que trabajaba. Eso también había sido motivo de conversación porque en su cocina había un frutero abundante y colorido y también porque él era una persona de campo y estaba acostumbrado al trabajo duro, había venido a la ciudad porque no quería seguir los pasos de su padre pero no le estaba siendo nada fácil, de hecho llevaba tantos años recorriendo las calles que él pensaba que su voz y su discurso parecerían repetidos y mecánicos, ella le alentó diciéndole que tenía muy buena dicción y que a ella le había contagiado su entusiasmo en el rato en que estuvieron juntos en la tarde. Mientras esperaban al ascensor, él le dijo su nombre.

viernes, 23 de julio de 2010

LOS REGALOS DE LA VIDA

Una silla de madera, con asiento de color azul me ha tenido secuestrada durante casi nueve meses, un periodo de gestación humana en toda regla. He desarrollado junto a ella el síndrome de Estocolmo, porque después de todo, nos hemos soportado mutuamente, hemos escuchado la misma música, hemos visto pasar la tarde por la ventana y contemplado la luna y sus ausencias e incluso hemos soñado, yo más que ella, con emprender el vuelo bajo las estrellas.
Ahora que la miro con cierta distancia, me doy cuenta de que aún siendo un objeto inanimado ha distinguido a la perfección los días en los que no soportaba estar ahí y me quedaba por obligación, de aquellos otros en que, apaciguada, gozaba de la lectura y sentía el placer de ahondar en el conocimiento de las Ciencias.
Hoy, recuperada por fin la libertad, disfruto de los paseos y de tantas personas a las que quiero, ese es el mejor premio a mi libertad porque nunca podría disfrutarla plenamente si no tuviera con quien compartirla. Gracias amigos por los hermosos regalos:
Las palabras de ánimo en la distancia.
Los ojos chispeantes del entusiasmo.
El abrazo cálido y sincero.
La sonrisa abierta y sin reservas.
Las confidencias en la intimidad de las horas.
Los mensajes sinceros de ida y vuelta.

miércoles, 9 de junio de 2010

Las profecías y los cuentos

ME preguntaba hoy si habrá alguna profecía, ya que tan de moda están, que defina la situación económica-política-social en la que nos encontramos. De haberla, seguro que no se acerca ni de lejos a la broma de mal gusto de la que estamos siendo víctimas, un complot entre ricos, políticos y sindicatos que se reparten la tarta que con paciencia el pueblo amasó y cocinó. Esto que ocurre hoy en el País me recuerda pero con el final al revés al cuento de la gallina Marcelina y el grano de trigo. ¿Lo sabéis? Voy a contaroslo pero antes tengo que explicaros a quién representa cada personaje: La gallina Marcelina en el papel estelar de: la clase trabajadora de esta sociedad que somos la mayoría y que tenemos que hacer más o menos esfuerzos para con nuestros sueldos, vivir y pagar todos los impuestos a los que estamos sometidos día tras día ( gasolina, iva, circulacion, vivienda y un largo etcetéra)
El pato en el papel de: el rico que vive como tal, encerándose las plumas para estar radiante y para poder huir del agua en caso de chaparrón, el rico, el potentado influyente, que manipula e interviene en las decisiones importantes a todos los niveles.
El gato representa a los sindicatos, ladino y desconfiado, que no se casa con nadie pero que ronronea gustoso ante una buena caricia o una buena tajada.
El perro no por fiel sino por vago, va a representar en nuestro cuento a la clase política que espera a estar en el gobierno para pegarse la buena vida y ladrar a todo aquel que ose tocar sus propiedades recién adquiridas. Bien pues aqui está el cuentecillo: Un día la gallinita roja, escarbando en la tierra de la granja, encontró un grano de trigo. Pensó que si lo sembraba crecería y después podría hacer pan para ella y todos sus amigos. -¿Quién me ayudará a sembrar el trigo? les preguntó.
-yo no dijo el pato.
-yo no, dijo el gato.
-yo no dijo el perro.
- Muy bien pues los sembraré yo, dijo la gallinita. Y así, Marcelina sembró sola su grano de trigo con mucho cuidado. Abrió un agujerito en la tierra y lo tapó. Pasó algún tiempo y al cabo el trigo creció y maduró, convirtiéndose en una bonita planta. -¿Quién me ayudará a segar el trigo? preguntó la gallinita roja.
-Yo no, dijo el pato.
-Yo no, dijo el gato.
-Yo no, dijo el perro.
-Muy bien, si no me queréis ayudar, lo segaré yo, exclamó Marcelina. Y la gallina, con mucho esfuerzo, segó ella sola el trigo. Tuvo que cortar con su piquito uno a uno todos los tallos. Cuando acabó, habló muy cansada a sus compañeros: -¿Quién me ayudará a trillar el trigo?
-Yo no, dijo el pato.
-Yo no, dijo el gato.
-Yo no, dijo el perro. -Muy bien, lo trillaré yo, dijo Marcelina.
Estaba muy enfadada con los otros animales, así que se puso ella sola a trillarlo. Lo trituró con paciencia hasta que consiguió separar el grano de la paja. Cuando acabó, volvió a preguntar: -¿Quién me ayudará a llevar el trigo al molino para convertirlo en harina?
-Yo no, dijo el pato.
-Yo no, dijo el gato.
-Yo no, dijo el perro.
-Muy bien, lo llevaré y lo amasaré yo, contestó Marcelina. Y con la harina hizo una hermosa y jugosa barra de pan. Cuando la tuvo terminada, muy tranquilamente preguntó: - Y ahora, ¿quién comerá la barra de pan? volvió a preguntar la gallinita roja. -¡Yo, yo! dijo el gato.
-¡Yo, yo! dijo el pato.
-¡Yo, yo! dijo el perro.
-¡Yo, yo! dijo el gato.
¡Pues NO os la comeréis ninguno de vosotros!
contestó Marcelina. Me la comeré yo, con todos mis hijos. Y así lo hizo. Llamó a sus pollitos y la compartió con ellos.
Lo más triste de nuestra historia real, como os decía antes, es que el final está cambiado con respecto a este ilustrativo cuento así que siguiendo con nuestro pequeño teatrito, ocurrió que después de que Marcelina hubiera hecho el pan, pudo ver con una expresión de asombro y con lágrimas en sus ojos, que ellos abusando de su fuerza y su poder, se llevaron todo el pan y dejaron a Marcelina y a sus hijos con la boca abierta. Cuando en la tarde se lo contó a los amigos, trabajadores como ella, con los que compartía algunos ratos, estos le dijeron que era necesario tomar una determinación porque cada día que pasaba las decisiones por parte del perro, el pato y en las sombras el gato, estaban perjudicando de una forma más notable a los habitantes. Hablaron durante largo rato, sobre lo mal que estaba todo y sobre las medidas que podían tomar al respecto. De pronto alguien miró el reloj y dijo en voz alta : el partido de fútbol está a punto de empezar. Como por arte de magia, la calle se quedó vacía y las luces de las casas se encendieron todas a la vez, como si de una iluminación de feria se tratara. El Pato, el Gato y el Perro, también veían el partido, pero en directo, en el campo.Ni siquiera se comieron el pan que había preparado la gallinita, para ellos eso era una insignificancia.

lunes, 31 de mayo de 2010

Un amigo, un poema

Hoy un poema de mi entrañable amigo Manuel, de Asturias.

EL ATRACO

Me han atracado justo en la cocina

sin navaja, revólver, ni armamento

tan sólo con un simple documento,

legalmente expedido en la oficina.

Inspección del butano y de rutina

el inspector revisa muy atento

me coloca una goma en un momento

y la labor, concluye y se termina.

Rellena unos papeles muy legales,

esperas que te entregue la factura,

que supones minucia de dos reales,

pero el ¡tío! con mucha cara dura,

por la goma y minutos laborales,

te deja la cartera en sepultura.

He blindado mi puerta con acero

en vista del aumento de ladrones,

que pululan por todos los rincones,

para dejarte limpio y sin dinero.

Cerraduras me ha puesto el cerrajero,

dobles bisagras, verjas y listones,

una alarma que suena de cojones,

un bunker es mi casa, no exagero.

Más a pesar de todo este tinglado

tan amplio, tan seguro y efectivo,

no he conseguido verme liberado

de un caco con carnet de ejecutivo,

inspector de butano, acreditado,

para el que no encontré dispositivo.

domingo, 23 de mayo de 2010

Un inciso en el silencio

Estas semanas pasadas he tenido la garganta dolorida, los dedos atrofiados y la mente en otra parte. Razones de peso para estar callada. Hoy hago un inciso en el silencio y reivindico: A esos "romeros": Por Dios, cuidad de vuestros caballos, que os llevan hasta el sitio deseado y una vez allí, si te he visto no me acuerdo, o si apuro un poco, ya en el camino no debéis hacerle mucho caso ya que algunos mueren por cólicos intestinales,deshidratados o por agotamiento físico. ¿Cuánto vale la vida de un caballo? pues parece que no mucho cuando ni siquiera les mueve,a estas personas,el interés económico y los dejan morir de esa forma tan cruel. Es bastante dificil acabar con la idea previa de que los seres humanos no pertenecemos al Reino Animal, porque claro, es mucho más fácil pensar y creer que somos superiores a cualquier otro ser vivo del planeta, pero si echamos un ojo al lado, que tampoco hay que mirar muy para atrás que digamos, ahí estamos, más animales que cualquiera de los que podemos encontrar alrededor. Abusos sexuales, crímenes,robos con violencia, agresiones físicas y verbales de género o sin género,envidias y sobre todo la prepotencia de los que dominan el mundo. ¿Dominamos el mundo o más bien nos servimos del mundo para cuidarlo tan mal como a esa veintena o treintena de caballos que mueren todos los años en la "humana" fiesta Rociera? Andando los mandaba yo, sin cerveza fresca y sin aire acondicionado en sus preparadas caravanas a ver que tal les iba a los seres humanos, quizá así se volviesen un poco animales y sus acciones serían más coherentes.

domingo, 2 de mayo de 2010

miércoles, 28 de abril de 2010

EL TANGO Y YO

En estas tardes de silencio y letras no podía faltar la música y mira por donde que encontré unos podcast en el que escuchar tangos. Siempre me gustó la música que subyacía bajo las letras atormentadas del tango pero últimamente, la letra subyace y es la música la que ocupa el lugar donde a veces paciente, a veces impaciente paso las hojas del manoseado tema grapado en su esquina izquierda. No puedo decir que ocupa todo la casa, ni siquiera toda la habitación ya que conectada a los auriculares, privatizo el sonido y yo solo yo disfruto de las melodías,melancólicas, arrebatadoras, pasionales. He probado a poner otras cosas y a veces escucho temas inéditos que suenan tan bien que apunto los nombres de los intérpretes para luego hacerme de algunas de sus melodías, pero al final siempre acabo en el mismo sitio, en el Arrabal argentino, aunque el presentador tenga un apellido griego o la interprete sea cubana. En la imaginación baila esa pierna enrollada alrededor de mi pareja a la que me aferro en un intento de dejarme llevar por un mundo que desconozco.

sábado, 17 de abril de 2010

EN UN PAÍS DE HADAS

Un país de hadas es como denomino a este dibujo especial hecho por Hugo Lorente Marín

una bonita experiencia

El dia 11 de abril se puso en antena el programa de canal sur 2, EL PÚBLICO LEE. En este caso estuvo Soleda Puértolas, en una charla literaria sobre su último libro "COMPAÑERAS DE VIAJE". Es este un libro que comprende quince relatos en que las protagonistas son mujeres y se relata un viaje en el que ellas, normalmente van de acompañantes. Soledad Puértolas es una mujer afable y optimista y por lo que pude comprobar, muy humana. Me gustaron sus respuestas y la naturalidad con que se desarrolló el programa. Por otra parte, he de decir, que es este un buen programa que seguro no tiene tantos adeptos como se merece, pero siempre están los incondicionales. Una manera agradable de conocer nuevos títulos y autores para engrosar la biblioteca de nuestra vida.