Cuando la araña llegó con su recién terminada labor, encontró un espectáculo más que atractivo para sus mandíbulas carnívoras.
Las mantis esperaban coquetas una nueva víctima con la que perpetuar su especie.
Los mosquitos trompeteaban nostálgicas melodías al borde del lago.
Mariquitas y zapateros comparaban el color y el brillo de su exoesqueleto.
Los escarabajos peloteros medían sus fuerzas con los ciervos volantes.
Las mariposas exhibían su colorido provocando el suspiro de las cucarachas.
Las libélulas jugaban a ser helicópteros privados para las hormigas.
Insectos palo e insectos hoja apostaban por la calidad de su camuflaje.
Ajenos a la trampa letal, todos se despedían del verano.
Aún no había acabado de extender su artesanía cuando un pequeño grillo se acercó a ella y le agradeció anticipadamente que hubiera traído aquellas cómodas hamacas.
Contra todo pronóstico, a la araña le enterneció la inocencia de la pequeña chicharra, pero el instinto de supervivencia pudo más. Su vida pendía del hilo.
3 comentarios:
linda reflexion, para comenzauna semana mas profunda, beso
Gracias amiga... feliz vuelta a la realidad. Aunque... según como uno se plantee la vida, aún pueden durar las vacaciones y también los insectos, jajaja. Besos
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