Traduciendo los sentimientos

jueves, 10 de octubre de 2013

EL CAMINO A CASA

Aquella noche no pudo dormir. Había subido mil y una vez las escaleras cargada de maletas y bolsas, sin embargo, no  tenía sueño. La emoción se concentraba en sus ojos de tal modo que era imposible cerrarlos. Se sentía como un gato en la noche, iluminando el cuarto con su destello.
Quizá fueron dos horas o quizá fueron cuatro el caso es que se levantó sin una pizca de cansancio en su cuerpo, ni siquiera se había despeinado.
Debajo del agua templada extendió el perfume del azahar sobre su piel para pasar luego a vestirse apresuradamente. Deseaba más que nada salir y emprender el viaje.
El camino desconocido, lejos de inquietarle, le sirvió de acicate.
Llegó dos horas antes de lo previsto
pero no se impacientó en absoluto. Sentada frente al volante de su coche, observó a cada transeúnte y se recreó en cada árbol. Todos los segundos de aquel día, tuvieron un significado nuevo y especial y todos los vivió como una vida, intensa y felizmente.

No hay comentarios: