Traduciendo los sentimientos
martes, 12 de noviembre de 2013
lunes, 11 de noviembre de 2013
SILENCIOSA CONTAMINACIÓN ACÚSTICA
Fuera se escuchan las instrucciones de la profesora de Inglés que se empeña en que sus alumnos pronuncien correctamente. Aquí dentro solo se escucha el sonido de mis dedos sobre el teclado y el tic tac de mi corazón. Si los pensamientos fueran sonoros, habría muchísimos más ruidos. Tal vez hasta se acercarían para preguntarme qué es lo que está sucediendo aquí dentro, no aquí dentro de mi, que es una pregunta difícil de hacer, aquí dentro en el lugar físico en el que me hallo. Jamás podrían sospechar que tantos pensamientos pudieran caber en una cabeza..Si pudieran emitir sonidos y si yo eligiera la música, las melodías más relajantes se verían interrumpidas por otras metálicas y estridentes. Por entre los vocablos en lengua inglesa y los sonidos de las teclas del ordenador, prevalecen los ruidos que emiten mis pensamientos y que solo yo, menos mal, escucho.
Ni bueno, ni malo, sino todo lo contrario, como diría Aute.
TORTILLA DE PATATAS
No era una tortilla cualquiera, en cada patata había incrustada una emoción: una lágrima, una sonrisa, una petición, un pensamiento, un recuerdo, un abrazo, una caricia, una mirada, una súplica, un dolor, una alegría, un temor, una satisfacción, una inseguridad, una danza, un bostezo, una palabra, un silencio.No era una tortilla de patatas cualquiera. Llevaba tres años de amor batidos enérgicamente y había sido cuajada a fuego lento, al calor del corazón.
domingo, 10 de noviembre de 2013
SHARBAMMA (JARABE DE AMOR)

Una mano tomó otra mano. La segunda era tan pequeña que cupo entera dentro de la primera. Durante un momento jugaron a reconocerse en las líneas de la palma, en la textura de la piel, en su temperatura. Tardaron poco en darse cuenta de que juntas irradiaban una energía potente y contagiosa.
Amantes y cómplices se dispusieron a recorrer la vida juntas.
Si ahora me soltaras, expuso la pequeña, sería un minúsculo punto de luz en medio de la nada.
No hace falta que te sujete para que brilles con toda tu intensidad, le dijo la mano más grande; como en aquel cuento del escultor, todo está dentro de ti. No obstante, prosiguió, eres cálida y me hace sonreír tu agilidad,. Definitivamente pienso que no me gustaría ver la vida a través de la tela de un bolsillo.
La mano pequeña se estremeció de gozo y se acurrucó mimosa dentro de la mano grande.
En un plano superior, los ojos se miraron y sonrieron.
En un plano inferior, los pies, sincrónicos en el movimiento se pararon.
Fue un beso silencioso y dulce el que arrancó un suspiro a los árboles del parque.
viernes, 8 de noviembre de 2013
domingo, 3 de noviembre de 2013
DUENDES DE RÍO
Se estrechaba la senda y verdeaba el camino. Un junco de punta aguda se le clavó en el recuerdo de antaño. Niños que se abrían paso entre la maleza surgieron como duendes del bosque saludando desde aquel lugar en el que se adentraban cada tarde de domingo. Túneles impracticables de ramas y ortigas no eran obstáculo para arrastrar su felicidad por el suelo abrupto de apelmazada tierra, los guiaba el instinto y las ganas de jugar a inventar juegos.
Sobre la cima de una montaña gigante hecha a base de arrancar las entrañas al río, se sentían poderosos y libres, por estar más cerca el cielo. Rodar por la pendiente los devolvía a la deliciosa realidad del pan con chocolate y la tortilla de patatas. Sentados sobre las amapolas o tumbados entre la avena silvestre no podían imaginar que mucho tiempo después aparecerían como duendes en todos los parajes fluviales en los que oliese a verbena y albahaca.
martes, 29 de octubre de 2013
GEMELAS DEL ALMA
Se conocían desde siempre pero no habían reparado en ello. Lo descubrieron casi a la vez pero fue una la que se lo hizo notar a la otra.Después de saberlo se miraron intensa y pausadamente hacia dentro y, de regreso, cuando sus ojos se encontraron de nuevo, estuvieron totalmente seguras.
Con diferente edad física y la misma edad espiritual, con experiencias en distintos tiempos y, sin embargo, con el mismo planteamiento de vida. Pensaban igual y sentían lo mismo, se emocionaban con los mismos hechos y se dolían en circunstancias iguales. Reían ante las mismos sucesos y se entristecían con idénticos duelos.
Dos niñas renacidas cada día de lluvia. Dos mujeres que se apasionaban con cada rayo de sol. Dos personas emotivas cada día de otoño. Dos almas cálidas frente al helor del invierno.
Con distinta tonalidad de piel y de cabello. Con distinto tamaño y color de ojos. Con tan diferente aspecto y sin embargo, gemelas, gemelas del alma.
lunes, 28 de octubre de 2013
LUCES Y SOMBRAS
Todo fue muy extraño, de pronto una gran nube tapó el sol y durante un número incontable de minutos todo estuvo oscuro y en silencio. Hubo un apagón generalizado y el frío empezó a subir por sus pies. Buscó a tientas unos calcetines y los colocó con esmero sobre sus pies llenos de pequeñas durezas. Se acurrucó sobre su cuerpo haciéndose un ovillo en el que no se distinguían las extremidades del tronco. La cabeza como la de un pequeño pajarillo dormido esperaba, con los ojos cerrados, a que la vida resurgiera.No supo cuanto tiempo había pasado cuando empezó a abrir los ojos. Sabía que era muy tarde, pudo ver sobre el suelo de su habitación el reflejo de la luna. Se habría quedado dormida. Dormida y congelada. Sus dedos eran trozos escarchados pendiendo de la masa insensible que eran sus manos. Las sacudió, con rabia, con furia, y mientras lo hacía sintió como la sangre, la vida, volvía a ellas. Se alegró de que así fuera, se incorporó poco a poco, era doloroso estirar cada músculo después de tanta tanta tensión. Se puso en pie y con decisión abrió la puerta. La luz de una estrella iluminó como un foco el sendero por el que caminó toda la noche, la necesitó entera para comprobar que todo estaba intacto. Esperó impaciente pero como era de esperar, el sol brilló con todo su esplendor en el nuevo día.
jueves, 24 de octubre de 2013
DIAGNÓSTICO
No le gustó nada aquella estación de autobús, siendo igual que todas. Muchas veces antes estuvo en otras y no le parecieron tan horribles y desangeladas. Había algo en aquel lugar, algo inquietante. Le parecía que todo el mundo reparaba en ella. Sentía la mirada incisiva de todos los viajeros sobre su piel. Quizá fuera porque tenía que permanecer horas interminables en ella, esperando al siguiente autobús. Para el anterior nunca llegaba a tiempo y no es porque no corriera, corría mucho, últimamente siempre corría. En las calles, en la casa, en el trabajo. No había nada que la hiciera parar, nada que propiciara la calma. Ruidos de todos los lugares se habían instalado en su cerebro y escuchaba su nombre con sonido envolvente y amplificado. Su nombre el que rezaba en la partida de nacimiento, su nombre coloquial, el diminutivo de su nombre y hasta el sobrenombre, pronunciados en distintos tonos y con distintas frecuencias. Entre llantos, sobre risas, con exigencia, con desesperación, con impaciencia... su nombre... el ruido...la estación.
El médico dijo que tenía un cuadro de ansiedad importante pero no grave y que en ningún caso firmaría una baja así que podía, sin problema, seguir haciendo su vida normal.
Ese hombre no sabía de lo que hablaba, ojalá sus palabras se le atravesaran en la garganta, pensó mientras en la estación evitaba la mirada de un anciano que se sentó frente a ella, ojalá la justicia divina interrogase a ese hombre sobre su veredicto para con ella, ojalá un día alguien le hiciese ver el sinsentido de la frase: hacer una vida normal, que con tanta autoridad pronunció en su consulta.
Cogió un periódico y lo abrió por un lugar cualquiera. Posó sus ojos sobre una palabra cualquiera y allí se detuvo. Eternamente detenida en aquella palabra, vio pasar su vida por delante, entremezclándose con los titulares y los pie de foto, por un momento bajo la guardia y sintió un cierto alivio al pensar que solo faltaba media hora para que su autobús llegara y una hora y media más para llegar a su casa. Le reconfortó pensar en una manta de pelo suave sobre la cama. Una manta sobre la que cerrar los ojos y perderse por un tiempo, como un oso hibernante.
miércoles, 23 de octubre de 2013
MEJOR. PEOR... DIFERENTE
Dijo que quería un hombre maduro, uno que la guiase, uno que la meciera entre sus brazos, un hombre de los de verdad, de los de antes, dijo.
Sus amigas le prepararon una fiesta con luces de colores, globos, champán y hombres. Amigos de amigos de sus amigos. Algunos conocidos de vista, otros anónimos.
Ella llegó más tarde, se había estado arreglando para el evento. Como era una chica muy natural y siempre hacía gala de ello, así se presentó, natural:
Se había puesto en las pestañas una máscara de nueva generación que le hacía sentir que sus ojos eran dos faros verdes y como tales debían deslumbrar a todos aquellos hombres que habían venido por ella. Colocó unas extensiones en su pelo y su melena artificial y serpenteante se extendía por la mitad superior de su cuerpo como si de Medusa se tratara.
Su falda era tan corta que al elevar el pie para dar un paso podía adivinarse su ropa interior de muñeca. Su blusa de un blanco impecable apenas si la dejaba respirar.
Al principio, los chicos estaban tan asustados al ver tanta pestaña entrecruzada y tanto pelo en vaivén que se quedaron replegados, protegiéndose los unos a los otros.
Ella, que era natural como nadie, se encaminó con movimientos ensayados hacia ellos para observarlos de cerca.
Sus amigas la acompañaron hacia la arena y allí cayeron, en los primeros minutos, cuatro de los siete que inquietos y excitados le sonreían. Verdaderamente era una chica muy guapa.
Uno era bajo, comparado con ella era como un niño pequeño y no tenía buen cuerpo, eso le dijo ella sin un atisbo de nerviosismo.
Otro era muy mayor, le sacaba seis años y sobre todo, tenía los dientes torcidos. Esto último no se lo dijo, pero mientras le hablaba, sus ojos estaban clavados en ellos.
El siguiente era estudiante y por tanto, culturalmente más preparado que ella. Llevaba gafas y le gustaba leer. Ella expresó en voz alta que de seguro se iba a aburrir a su lado, quería vivir, ir de fiesta y patear las calles con sus amigos.
El cuarto en discordia abandonó la fiesta por su propio pie al ver que ella no buscaba en un hombre todo lo que había dicho. Lo supo cuando sin mirarlo aún, se acercó hasta la puerta para pedir un cigarrillo a un chico ajeno a todo aquel movimiento que entró con una amiga. No le pareció, por su aspecto y su forma de dirigirse a ella que encajara con el perfil que la chica buscaba, sin embargo, ahí estaba feliz de haberlo conocido en tan preciso momento.
Cuando iba por la calle recordó una película en blanco y negro que vio recientemente. Tiempos en los que unas personas se casaban desde la distancia, por poderes, le llamaban a eso.
Nunca se habían visto, sus padres los comprometieron desde que eran pequeños y luego, cuando la edad fue apropiada, se embarcaron en el sueño de amarse después de que el roce hiciese el cariño.
Una amiga de la chica fue tras él y le preguntó por qué había abandonado el recinto con tanta premura, si su amiga no lo había rechazado.
El solo acertó a decir: Ciertamente han cambiado mucho los tiempos.
Sus amigas le prepararon una fiesta con luces de colores, globos, champán y hombres. Amigos de amigos de sus amigos. Algunos conocidos de vista, otros anónimos.
Ella llegó más tarde, se había estado arreglando para el evento. Como era una chica muy natural y siempre hacía gala de ello, así se presentó, natural:
Se había puesto en las pestañas una máscara de nueva generación que le hacía sentir que sus ojos eran dos faros verdes y como tales debían deslumbrar a todos aquellos hombres que habían venido por ella. Colocó unas extensiones en su pelo y su melena artificial y serpenteante se extendía por la mitad superior de su cuerpo como si de Medusa se tratara.
Su falda era tan corta que al elevar el pie para dar un paso podía adivinarse su ropa interior de muñeca. Su blusa de un blanco impecable apenas si la dejaba respirar.Al principio, los chicos estaban tan asustados al ver tanta pestaña entrecruzada y tanto pelo en vaivén que se quedaron replegados, protegiéndose los unos a los otros.
Ella, que era natural como nadie, se encaminó con movimientos ensayados hacia ellos para observarlos de cerca.
Sus amigas la acompañaron hacia la arena y allí cayeron, en los primeros minutos, cuatro de los siete que inquietos y excitados le sonreían. Verdaderamente era una chica muy guapa.
Uno era bajo, comparado con ella era como un niño pequeño y no tenía buen cuerpo, eso le dijo ella sin un atisbo de nerviosismo.
Otro era muy mayor, le sacaba seis años y sobre todo, tenía los dientes torcidos. Esto último no se lo dijo, pero mientras le hablaba, sus ojos estaban clavados en ellos.
El siguiente era estudiante y por tanto, culturalmente más preparado que ella. Llevaba gafas y le gustaba leer. Ella expresó en voz alta que de seguro se iba a aburrir a su lado, quería vivir, ir de fiesta y patear las calles con sus amigos.
El cuarto en discordia abandonó la fiesta por su propio pie al ver que ella no buscaba en un hombre todo lo que había dicho. Lo supo cuando sin mirarlo aún, se acercó hasta la puerta para pedir un cigarrillo a un chico ajeno a todo aquel movimiento que entró con una amiga. No le pareció, por su aspecto y su forma de dirigirse a ella que encajara con el perfil que la chica buscaba, sin embargo, ahí estaba feliz de haberlo conocido en tan preciso momento.
Cuando iba por la calle recordó una película en blanco y negro que vio recientemente. Tiempos en los que unas personas se casaban desde la distancia, por poderes, le llamaban a eso.
Nunca se habían visto, sus padres los comprometieron desde que eran pequeños y luego, cuando la edad fue apropiada, se embarcaron en el sueño de amarse después de que el roce hiciese el cariño.
Una amiga de la chica fue tras él y le preguntó por qué había abandonado el recinto con tanta premura, si su amiga no lo había rechazado.
El solo acertó a decir: Ciertamente han cambiado mucho los tiempos.
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