Traduciendo los sentimientos

martes, 10 de enero de 2012

VUELVE A CASA VUELVE POR NAVIDAD

Este año más que nunca he sentido plenamente esa frase tan manida y he desentrañado su significado. Hasta ahora, cada vez que sonaban las notas de esa canción que tenía como mensaje último el consumo (qué otra cosa) imaginaba, guiada por las secuencias que se sucedían, el hogar cálido donde reunirme con los míos, el hogar de siempre, aquel del que sabía en que cajón encontrar el mantel y los cubiertos, ese en el que era hija o ese otro más tardío en que ya ejercí de madre.
Salí de la casa que ahora habito, mi casa actual, donde reposan los libros y la música, entrañables por lo que representan, el día veintitrés de diciembre con el sorteo de navidad reciente y frustrado, salí y atravesé semidesiertos y montañas nevadas, pinos y abedules, encinas y robles hasta llegar a mi destino: los brazos que  se abrieron para recibirme.
Los míos extendidos abarcaron sus cuerpos, en mi corazón todavía infantiles. Hasta pude escuchar las notas de esa canción de anuncio y la emoción imposible de contener llegó a mis ojos.
 Llegué a mi casa, volví a mi hogar pero no reconocí el barrio, ni las paredes, ni los dormitorios; la cocina estaba en un lugar diferente y la luz se reflejaba en los barrotes de un balcón antes inexistente.
Desentrañé entonces el significado de la frase que da título a estos pensamientos porque supe en mi corazón que "la casa" a la que siempre se vuelve es la que se cimenta con los ladrillos de la convivencia y la comprensión, compartiendo lo bueno y lo malo.
Volví a casa por Navidad porque me llené de sus abrazos queridos y disfrute plenamente de la risa de sus gestos.

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